Por primera vez en la historia, el Mundial de Fútbol 2026 ha hecho obligatorias las pausas de hidratación, una medida fisiológicamente necesaria ante el cambio climático, pero que esconde una trampa comercial. Estas pausas se implementaron en todos los partidos del torneo, independiente de las condiciones climáticas, la hora o la infraestructura del estadio, para proteger la salud de los deportistas ante el riesgo por temperaturas extremas.
Aunque es innegable que una buena hidratación favorece el rendimiento físico, regula la temperatura corporal y disminuye el riesgo de lesiones, esta medida se ha transformado en una de las vitrinas publicitarias más agresivas en la actualidad, reflejando la alta influencia que tiene la industria alimentaria en eventos deportivos masivos que deberían ser espacios protegidos para la promoción de hábitos saludables.
Durante las pausas de hidratación, lejos de ver a futbolistas bebiendo agua natural, se observa en su mayoría a jugadores que toman bebidas isotónicas: líquidos con alto contenido de azúcares, colorantes y sodio, envasados en botellas con logotipos de sus marcas. Esto se complementa con anuncios explícitos, durante todo el partido, de las marcas auspiciadoras del evento. Esta escena aparentemente inofensiva es un riesgo para la salud pública.
Los deportistas son referentes, especialmente para niños, niñas y adolescentes (NNA), grupo altamente vulnerable al marketing de alimentos. Ver a sus ídolos consumir estos productos, crea una peligrosa asociación cognitiva al vincular la vitalidad, el éxito deportivo y el alto rendimiento con la ingesta de líquidos ultraprocesados, moldeando sus preferencias y el consumo de alimentos desde la infancia.
En Chile, la Ley 20.869 sobre publicidad de alimentos prohíbe publicitar productos con sellos “alto en” dirigida a menores de 14 años, sin embargo, la norma contempla excepciones en eventos deportivos. En la práctica, cuando un niño o niña ve a jugadores como Messi, Vidal u otros consumiendo o promocionando una bebida ultraprocesada, incluso bebidas energéticas, ya sea durante el partido o en las pausas comerciales, la escena induce a la imitación de la conducta e impacta en los hábitos alimentarios, independientemente de si el producto es sin azúcar o si solo se exhibe su marca.
Este vacío legal no es solo una tensión chilena. La discusión legislativa internacional está avanzando en cuestionar el poder de las grandes corporaciones alimentarias y su injerencia a través del patrocinio de eventos deportivos. Las estrategias regulatorias a nivel global deberían avanzar hacia la restricción de todo tipo de publicidad de alimentos no saludables en estos contextos, incluyendo la publicidad de marca, así como la exigencia de que los productos visibles durante las actividades tengan un perfil nutricional adecuado, contribuyendo de esta forma a que estos espacios sean asociados como entornos saludables y protectores para la salud.
Mientras esta discusión continúa, es urgente proteger los ambientes alimentarios, los cuáles también están en la publicidad y los medios de comunicación. La evidencia es clara sobre la alta influencia del marketing en la promoción de alimentos de baja calidad nutricional y su efecto en la conducta alimentaria, especialmente de NNA. Por ello, es necesario devolver el valor a la promoción de la comida natural y nutritiva.
El agua sigue siendo la fuente de hidratación más saludable, segura, efectiva para la hidratación y universalmente disponible, sin los riesgos asociados a los líquidos artificiales, endulzados y ultraprocesados. Los futbolistas que NNA admiran tienen el poder de modelar conductas, pero ese poder no puede seguir teniendo incentivos comerciales. Permitir que la industria alimentaria mantenga su influencia en eventos deportivos da lugar para que productos no saludables continúen instalándose como alternativas socialmente valoradas, perjudicando la salud de NNA y de la población general.
Es fundamental consolidar políticas públicas que mejoren los ambientes alimentarios y que estén por sobre los intereses comerciales de las grandes industrias.
Por : Paulina Molina Carrasco y Natalia Gómez San Carlos
Publicado originalmente en ElDesconcierto
]]>Un estudio cualitativo desarrollado por investigadoras e investigadores del Grupo Transdisciplinario en Obesidad de Poblaciones (GTOP) de la Universidad de Chile analiza cómo adultos de distintos niveles socioeconómicos interactúan con el entorno alimentario digital, evidenciando profundas desigualdades en acceso, consumo e influencia del marketing, con implicancias clave para la salud pública y el diseño de políticas.
El Grupo Transdisciplinario para la investigación, docencia y extensión en Obesidad de Poblaciones (GTOP), publicó recientemente el artículo científico “Exploring Socioeconomic Disparities in Adults’ Interactions with the Digital Food Environment: A Qualitative Study”, que aporta nueva evidencia sobre cómo las desigualdades sociales se expresan en los entornos alimentarios digitales en Chile.
El estudio fue elaborado íntegramente por integrantes de GTOP —Paulina Molina Carrasco, Natalia Gómez San Carlos, Lorena Rodríguez Osiac, Daniel Egaña Rojas, Carolina Franch Maggiolo y Patricia Gálvez Espinoza— y se basa en 11 grupos focales realizados en la Región Metropolitana con 78 personas adultas de distintos contextos socioeconómicos.
La investigación fue publicada en Sage Journals, una reconocida plataforma digital de la editorial SAGE Publishing que reúne más de 1.000 revistas científicas revisadas por pares en áreas como ciencias sociales, salud, humanidades y ciencias de la vida, consolidándose como un espacio de difusión de investigación de alto impacto a nivel internacional.
Los resultados muestran que la interacción con el entorno alimentario digital es generalizada, pero presenta diferencias significativas según el nivel socioeconómico. En sectores de mayores ingresos, el uso de plataformas digitales para la compra de alimentos —incluyendo supermercados y servicios de delivery— forma parte de la vida cotidiana. En contraste, en sectores de menores ingresos, este uso es más esporádico y está condicionado principalmente por promociones, restricciones presupuestarias y apoyo de familiares más jóvenes. Esto último releva dinámicas intergeneracionales relevantes, donde personas jóvenes actúan como mediadoras en el uso de tecnologías digitales dentro del hogar, facilitando el acceso a plataformas de compra y configurando, en parte, las decisiones alimentarias familiares.
El análisis evidencia que el entorno alimentario digital opera simultáneamente como un espacio de acceso, consumo y diferenciación social, donde factores como la conectividad, la alfabetización digital y los recursos económicos determinan las posibilidades de interacción y elección alimentaria.
En Chile, donde la prevalencia de obesidad en población adulta alcanza un 42%, la expansión de estos entornos digitales adquiere una relevancia crítica, al influir en las decisiones de compra, los patrones de consumo y, en consecuencia, en la salud de la población.
Desigualdades digitales que impactan la alimentación y la salud
El estudio también identifica que el entorno alimentario digital no solo facilita el acceso y compra a alimentos, sino que funciona como un espacio de comunicación e influencia, donde la publicidad digital —principalmente de alimentos de baja calidad nutricional— tiene una presencia constante.
Se observa que las personas de nivel socioeconómico alto tienden a desarrollar una mayor capacidad crítica frente a estas estrategias de marketing, reconociendo el rol de los algoritmos y adoptando medidas para reducir su exposición, como el bloqueo de notificaciones. En cambio, en contextos de menores ingresos, la interacción con la publicidad digital es más pasiva y orientada a la búsqueda de beneficios económicos inmediatos, como descuentos o promociones.
Otro hallazgo clave es que las plataformas digitales tienden a concentrar la oferta en alimentos ultraprocesados y preparaciones de alta densidad energética, mientras que el acceso a opciones saludables aparece más limitado en contextos socioeconómicos bajos, lo que podría reforzar desigualdades en la calidad de la alimentación.
Estos resultados subrayan la necesidad de fortalecer el abordaje del entorno alimentario digital desde las políticas públicas, considerando medidas más estrictas para la regulación del marketing digital de alimentos, el desarrollo de estrategias de alfabetización digital en salud y la promoción de una mayor disponibilidad y visibilidad de alimentos saludables en plataformas digitales.
Cabe señalar que la publicación pudo ser financiada gracias a la convocatoria de “Financiación de publicaciones para estudiantes y jóvenes investigadores de Colansa (Comunidad de Práctica Latinoamérica y Caribe Nutrición y Salud), un grupo de profesionales y de organizaciones de la sociedad civil y de la academia que contribuye al desarrollo de sistemas alimentarios saludables, sustentables, equitativos e inclusivos y que promueve una mejor nutrición y salud de las poblaciones en Latinoamérica y el Caribe. Y además son parte de los resultados del Proyecto Fondecyt Regular 2023 “Practices and interactions of actors in food environments: Rethinking the social determination of food” (Proyecto #1230545).
Revisa aquí el artículo completo Exploring Socioeconomic Disparities in Adults’ Interactions with the Digital Food Environment: A Qualitative Study – Paulina Molina Carrasco, Natalia Gómez San Carlos, Lorena Rodríguez Osiac, Daniel Egaña Rojas, Carolina Franch Maggiolo, Patricia Gálvez Espinoza, 2026
Comunicaciones GTOP UChile
Publicado originalmente en: Noticias Uchile
]]>El Grupo Transdisciplinario para la investigación, docencia y extensión en Obesidad de Poblaciones (GTOP), en articulación con la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, se adjudicó un fondo de extensión de la Facultad de Medicina que permitirá editar un libro colectivo orientado al análisis crítico de políticas públicas que inciden en la alimentación, la obesidad y la actividad física en Chile, desde una perspectiva transdisciplinaria, poblacional y basada en evidencia.
El Grupo Transdisciplinario para la investigación, docencia y extensión en Obesidad de Poblaciones (GTOP) se adjudicó un fondo de extensión de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, destinado a la edición de un libro que ha sido desarrollado de manera colectiva por sus integrantes. La iniciativa permitirá avanzar en la publicación de la obra “Miradas Críticas a la Política Pública en Chile: Obesidad, Actividad Física y Alimentación”, concebida como un aporte académico y de divulgación al análisis de políticas públicas que impactan directamente en la vida cotidiana de las personas.
Según explicó Daniel Egaña Rojas, integrante del comité directivo de GTOP, el libro tiene como objetivo analizar críticamente políticas públicas vinculadas a la alimentación, la obesidad y la actividad física, incorporando la mirada característica del grupo, basada en la transdisciplina y en el abordaje poblacional de los problemas de salud. La publicación reúne a académicas y académicos de distintas disciplinas y facultades de la Universidad de Chile, junto con autores invitados externos, lo que permite dar cuenta de la diversidad de enfoques presentes en el análisis.
El foco de la obra es constituirse como un documento de extensión y divulgación que sistematice la mirada de GTOP sobre las políticas públicas en estos ámbitos, aportando al debate informado más allá del espacio estrictamente académico. En ese sentido, el libro busca dialogar con distintos públicos, incluyendo estudiantes, tomadores de decisión y actores sociales interesados en la salud pública y sus determinantes sociales.
Un libro construido desde la investigación y la extensión
La elaboración del manuscrito se desarrolló en el marco de un proyecto U-Redes adjudicado por GTOP y financiado por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile, lo que permitió consolidar el trabajo colaborativo entre distintas unidades académicas y disciplinas. A partir de ese proceso, el grupo postuló al fondo de extensión de la Facultad de Medicina con el fin de financiar la etapa de edición del libro, que contempla revisión de estilo, corrección técnica y preparación editorial.
El proyecto se inscribe en una estrategia de vinculación con el medio que busca fortalecer el rol de la Universidad de Chile en la generación de conocimiento crítico y socialmente pertinente en salud pública. Desde GTOP destacaron la importancia del respaldo otorgado por la Dirección de Extensión de la Facultad de Medicina, señalando que esta adjudicación permite seguir avanzando en la consolidación de un enfoque crítico, transdisciplinario y con compromiso social frente a los desafíos que plantean la obesidad, los ambientes alimentarios y la actividad física en Chile.
Comunicaciones GTOP UChile
Publicado originalmente en: Noticias Uchile
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En Chile, una de cada 10 personas cumple con las recomendaciones de las Guías Alimentarias Basadas en Alimentos (GABA) de consumir productos del mar al menos dos veces por semana, es decir, el 9,2% de la población nacional. La brecha en el consumo de estos alimentos es una preocupación de salud pública, pues el pescado y otros productos del mar son una fuente importante de nutrientes que aportan al desarrollo infantil, la salud cardiovascular y la prevención de enfermedades crónicas.
Este problema se origina principalmente en barreras de acceso económico a los productos del mar, derivadas de su alto precio e inequidades socioeconómicas. A su vez, influye la existencia de limitaciones en la normativa sectorial, que desincentivan el consumo humano de productos locales provenientes del mar.
En esta línea, buscando aportar a las políticas públicas en materia alimentaria, la Universidad de Chile estrenó el Policy Brief “Productos del mar en la mesa chilena: Recomendaciones de políticas públicas para aumentar su consumo en la población”. El documento se enfoca en fortalecer la gobernanza territorial pesquera y ampliar el acceso a través del sistema escolar, con el propósito de incidir en el sistema alimentario y alinearlo con metas de salud pública.
El escrito fue realizado por un equipo transdisciplinar compuesto por integrantes de la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina y de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, además de especialistas y exmiembros de la Encuesta Nacional de Consumo Alimentario y de Sernapesca.
La directora Escuela de Salud Pública Lorena Rodríguez Osiac, académica de la Facultad de Medicina, directora del grupo Transdisciplinario para la Obesidad de Poblaciones (GTOP) y una de las autoras del texto, señaló que el documento “fue producto de un análisis transdisciplinario del problema donde participaron profesionales del área de la nutrición, salud pública, biología marina e ingeniería comercial, puesto que hay barreras económicas, físicas y culturales para el consumo habitual y adecuado a las recomendaciones”.
Pese al alto potencial pesquero del país, el consumo de productos del mar en los hogares chilenos sólo alcanza un 14,8 kg/año por persona. Esto se encuentra por debajo del promedio mundial: países como Noruega y China lideran el ranking con 50,2 kg/año y 39,9 kg/año, respectivamente.
La brecha en el consumo de estos alimentos se asocia a una preocupación de salud pública, pues el pescado y otros productos del mar son una fuente importante de omega-3, proteínas, vitaminas y minerales, potenciando el desarrollo infantil, la salud cardiovascular y la prevención de enfermedades crónicas.
El Policy Brief asegura que el bajo consumo de estos productos se origina principalmente por barreras de acceso económico, lo que genera inequidades reflejadas en la ingesta de grupos de menor nivel socioeconómico. Esto se complementa con la actual normativa pesquera, la cual prioriza intereses económicos del sector industrial exportador por sobre el abastecimiento interno y local, debido a que la legislación vigente otorga cuotas de pesca preferenciales a grandes empresas, en desmedro del sector artesanal, lo cual concentra el control de los recursos y reduce la oferta en los mercados locales.
Al respecto, la profesora Rodríguez señaló que “abordar este problema tiene un componente individual o agencial de cambio conductual, pero también tiene un componente estructural, poblacional y regulatorio, de tal manera que se logran superar las barreras de disponibilidad, de acceso físico y económico a estos productos”.
Mientras que Rosa Vásquez, magíster en Salud Pública de la Universidad de Chile y autora del contenido, mencionó que “se identifica una débil articulación intersectorial entre políticas de pesca, salud, educación y desarrollo social, lo que limita la efectividad y sostenibilidad de las iniciativas existentes. En el ámbito escolar, se observa una baja aceptabilidad del pescado en el Programa de Alimentación Escolar, junto con una incorporación insuficiente para cumplir estándares nutricionales nacionales”.
El documento propone dos líneas con recomendaciones estratégicas. La primera apunta a fortalecer la gobernanza pesquera territorial, mediante ajustes normativos y de gestión que favorezcan la disponibilidad y el acceso físico y económico a productos locales.
Entre las medidas destacadas, “se incluye la creación de direcciones municipales de pesca, el fortalecimiento de la pesca artesanal, la reducción de intermediación y la promoción de circuitos cortos de comercialización orientados al consumo humano”, afirmó la investigadora Vásquez. Mientras que Rodríguez manifestó que “se recomiendan acciones que promueven la participación activa de las y los pescadores en la toma de decisiones y se basa en la evidencia de que las personas tienden a aumentar el consumo cuando el pescado es capturado o cultivado localmente”.
La segunda recomendación se centra en la incorporación sistemática del pescado en el sistema escolar, tanto a través del Programa de Alimentación Escolar (PAE) como mediante estrategias de educación nutricional.
Al respecto, Rodríguez señaló que “la escuela es un entorno propicio para influir en los hábitos alimentarios”, indicando que las políticas implementadas pueden apoyar prácticas más saludables y cambios en el comportamiento alimentario. Mientras que Vásquez concluyó que “se propone adecuar las bases de licitación del PAE a las GABA, priorizar proveedores locales, fortalecer la articulación entre la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (JUNAEB), el Ministerio de Salud (MINSAL), el Ministerio de Educación (MINEDUC) y la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (SUBPESCA), e integrar contenidos sobre productos del mar en el currículum escolar, combinando cambios estructurales con intervenciones educativas”.
Comunicaciones VID
Publicado originalmente en: Noticias Uchile
]]>Los productos del mar son ampliamente reconocidos por sus beneficios nutricionales. Mientras que los pescados destacan por su aporte de proteínas de alto valor biológico y por ser una excelente fuente alimentaria de ácidos grasos omega-3, los mariscos y algas son una fuente importante de vitaminas y minerales como el hierro, el zinc y el yodo, además del elevado aporte de fibra dietaria. Todos estos nutrientes les asignan propiedades inmunológicas, digestivas, antioxidantes, neuro y cardioprotectoras, que van en directo beneficio de quienes consumen productos del mar de forma regular.
Los alimentos marinos también destacan por sus beneficios medioambientales y sociales. Una gestión pesquera y acuícola responsable y sostenible contribuye directamente a la conservación de la biodiversidad marina. A su vez, la producción de productos del mar se asocia con una menor huella de carbono en comparación a la obtención de otras fuentes de proteína animal como las carnes rojas. Socialmente, la pesca y la acuicultura son actividades que fortalecen la economía de las comunicades costeras y del país, generando empleo, impulsando el desarrollo local, preservando oficios tradicionales y revalorizando la cultura alimentaria de productos marinos.
A pesar de su valor nutricional, ambiental, cultural y económico, el consumo nacional de productos del mar sigue siendo bajo. En la actualidad, en Chile se consumen 16,8 kg per cápita al año (Sociedad Nacional de Pesca, 2024), cifra que, aunque ha mostrado una tendencia al alza, se mantiene por debajo del promedio mundial (20 kg) y del consumo que tienen otros países líderes costeros como China y Perú. Además, sólo el 9,2% de la población en Chile reporta cumplir con el consumo recomendado de 2 porciones de pescado a la semana (Encuesta Nacional de Salud 2016-2017). Aunque las actuales Guías Alimentarias para la Población Chilena (2023) recomiendan “Aumentar el consumo de pescados, mariscos o algas de lugares autorizados”, sugiriendo un mínimo de dos porciones semanales, aún esta recomendación parece inalcanzable para gran parte de la población. El bajo acceso a productos del mar frescos, el alto costo, la presencia de otras alternativas procesadas más económicas y la percepción cultural de que son productos riesgosos y de difícil preparación, son solo algunas de las barreras que limitan el cumplimiento de esta recomendación. Por ello, en el país aún es un desafío pendiente lograr revertir las brechas existentes entre la amplia disponibilidad de productos del mar y su incorporación efectiva en la dieta de la población. En el caso de las algas además la regulación para su comercialización aún presenta importantes brechas.
Para poder garantizar los beneficios de los productos del mar sin arriesgar la biodiversidad marina, es prioritario impulsar prácticas de producción sustentable y de consumo responsable desde distintos actores. El Estado debe velar por la implementación y fiscalización efectiva de la vigente Ley de Pesca y Acuicultura, para asegurar el respeto de los periodos de veda y las cuotas de captura, además de impulsar la actualización de normativas que vayan en beneficio de la pesca artesanal y la acuicultura sostenible. La industria pesquera debe garantizar el cumplimiento de las regulaciones, implementar prácticas ambientales que minimicen el impacto a los ecosistemas y promover productos del mar innovadores, inocuos, llamativos y accesibles para el consumidor. Desde la comunidad científica y académica, en cambio, se debe impulsar la generación y difusión de conocimiento sobre los recursos marinos, sus propiedades y beneficios y las mejores prácticas de manejo, mientras que los profesionales del rubro alimentario pueden liderar la comunicación y educación alimentaria para la población, promoviendo su consumo seguro y sostenible.
El rol de los consumidores es tan esencial como el de los productores y reguladores, debido a que las decisiones de compra impactan en las prácticas de extracción y comercialización de productos del mar. En este sentido, como consumidores podemos llevar a cabo acciones que beneficien los ecosistemas marinos: la compra de pescados, mariscos y algas de lugares autorizados y de productores locales; la preferencia de productos de temporada y de alimentos con Sello Azul y otras certificaciones; la priorización de productos más abundantes y económicos -pero menos valorizados- como el jurel, la reineta, el chorito, y el cochayuyo, entre otros; la conservación adecuada de productos del mar para prolongar su duración y evitar desperdicios; así como la incorporación de alimentos marinos en comidas semanales, en distintos formatos y en preparaciones cotidianas como ensaladas, guisos, budines, caldillos y otros. Todas estas medidas contribuirán a apoyar la venta legal, la producción responsable, el cumplimiento de normativas y de los periodos de veda y captura, asegurando una cadena productiva sostenible.
Estudios recientes además muestran que aproximadamente el 50% del peso de los pescados procesados en la industria pesquera se convierte en subproductos como cabezas, vísceras y espinas, los que podrían ser fuente de nutrientes también y ser utilizados y no desechados.
En el marco del Mes del Mar, reflexionar y visibilizar los desafíos, responsabilidades y oportunidades que enfrenta Chile para aumentar el consumo de productos marinos, nos invita a repensar en políticas públicas que favorezcan su consumo por ser productos saludables, manteniendo una producción sostenible, así como también analizar nuestras propias prácticas culinarias. El mar chileno es una fuente invaluable de salud, bienestar y desarrollo.
Por: Paulina Molina y Lorena Rodríguez
Publicado originalmente en Radio UChile
]]>Marzo es un mes complejo; el retorno al trabajo y a la rutina escolar para los cuidadores es una labor que suma estrés y sobrecarga en el día a día, impidiendo que podamos enfrentar de forma correcta algunos asuntos. La alimentación rápida, la falta de tiempo para cocinar y para hacer las compras, entre otros factores, están generando no solo problemas de salud mental y física, sino también están repercutiendo en una etapa fundamental de la vida de los más pequeños, la cual está siendo poco nutrida, en todos los aspectos que puede tener esta palabra, por lo tanto, es fundamental respirar, pensar y organizarnos para aprovechar el tiempo con calidad y cariño en nuestro hogar.
Tomar medidas que nos faciliten este regreso, como comprar colaciones listas para enviar a nuestros hijo/as, parece ser una solución práctica, pero puede estar contribuyendo a un consumo excesivo de calorías, grasas, colorantes y endulzantes, a los cuales no deberían estar expuestos los más pequeños. Como no es lo mismo enviar una colación a un preescolar que a un adolescente, es importante tener una guía de qué alimentos preferir como colación de acuerdo a la edad, especialmente si está, además, cumple con ser simple, saludable, económica, de fácil acceso y preparación.
Al respecto, hay que recordar que una colación es un alimento que se consume entre las comidas principales para mantener niveles óptimos de energía a lo largo del día. Esta debería cumplir con algunas características para que sea saludable: adecuarse a los requerimientos de energía del niño/a (Aportar entre 65 -150 calorías, lo que variará dependiendo de la edad y del nivel de actividad física), incorporar alimentos naturales y de buena calidad nutricional, evitar alimentos con sellos “alto en” y de preferencia, entregarse cuando el tiempo entre una comida principal y otra sea mayor a 3 o 4 horas.
Algunos ejemplos de alimentos a incluir en la colación para nuestros hijo/as:
Con estas opciones como base, se pueden hacer combinaciones de acuerdo a la edad y al nivel de actividad física. Hasta los 6 años, la colación debería ser sólo una de las opciones mencionadas anteriormente; desde los 6 y hasta los 10 años, puede combinar dos de las opciones, pero ajustando el tamaño de la porción a los requerimientos del niño/a; desde los 10 años, se puede introducir el sándwich como opción, el cual debe tener relleno saludable, evitando opciones como salame, paté, mermeladas y queso amarrillo; en adolescentes, se debería considerar una porción de cereal (como avena, sándwich), junto con un lácteo más una porción de fruta. Acompañar la colación con agua fresca (idealmente que lleven una botella desde la casa) siempre será la mejor opción para hidratarse a lo largo del día, especialmente en verano.
Como cuidadores, padres y madres, somos los principales responsables de escoger los alimentos para nuestros hijas/os que luego consumirán, por lo tanto, se debe velar por disponer mayoritariamente de opciones saludables y de involucrarlas/os en las tareas del hogar relacionadas con la alimentación, para así promover la instauración de hábitos de alimentación más saludables desde edades tempranas, sin olvidar que estos hábitos se potenciarán con la realización de ejercicio físico diario y con 8 a 10 horas de sueño.
Salgamos de lo común y volvamos a lo natural.
Por: Natalia Gómez San Carlos y Paulina Molina
Publicado originalmente en Diario Uchile
]]>La lactancia materna es una práctica inherente a los mamíferos -entre ellos el ser humano- que ha permitido la subsistencia de diversas especies en el mundo. Las principales organizaciones de salud como OMS y UNICEF, recomiendan que la leche materna sea el alimento exclusivo de los bebés recién nacidos hasta los 6 meses de edad y que, hasta los 2 años, se alimenten con una combinación de la misma, con alimentos adecuados y nutritivos para su edad. (https://www.who.int/health-topics/breastfeeding#tab=tab_1).
Si bien lactar es un proceso natural, esto no alude a que sea fácil o que lo puedan hacer las madres por sí solas. Amamantar requiere de madres con conocimientos y habilidades para aplicar correctas técnicas de amamantamiento, de profesionales de salud actualizados y capacitados para apoyar este proceso, así como también requiere del apoyo familiar, social e institucional para ofrecer lactancia materna en espacios cómodos, seguros y en tiempos protegidos. La importancia de fomentar y resguardar la lactancia materna radica en los múltiples beneficios que este proceso conlleva a nivel individual, familiar y social.
Desde un punto de vista nutricional, la leche materna está compuesta por macronutrientes, micronutrientes y factores inmunológicos en una proporción única, que se va adaptando a las necesidades del niño/a según su edad. Los carbohidratos que la componen son esenciales para el desarrollo óptimo del Sistema Nervioso Central (SNC) del lactante y tienen un papel importante en la respuesta a diversas enfermedades. A su vez, su aporte proteico se asocia al correcto funcionamiento del sistema inmune y digestivo, mientras que su contenido de ácidos grasos es importante para el correcto desarrollo auditivo, visual y psicomotor. Por lo tanto, el aporte nutricional de la leche materna otorga múltiples beneficios, que van más allá de una buena nutrición para el lactante y que no son alcanzables por ninguna fórmula que se pueda adquirir en el mercado.
En lactantes, cualquier cantidad de leche materna proporcionada será mejor que su sustitución por fórmulas infantiles y sus beneficios serán mayores si la lactancia tiene una mayor duración. Las/os lactantes alimentadas/os con leche materna presentan un menor riesgo de desarrollar enfermedades gastrointestinales, infecciones respiratorias (neumonía, bronquitis, asma), caries dentales y alergias alimentarias, además de un mayor coeficiente intelectual. También, en la vida adulta, estas/os niñas/os tendrán una menor probabilidad de desarrollar diabetes, hipertensión y exceso de peso, en comparación a lactantes que sólo fueron alimentados con fórmulas infantiles.
A pesar de que los beneficios de la lactancia para la madre son menores en número respecto a los del lactante, son igual de significativos en cuanto a salud, principalmente por los beneficios indirectos que tiene el lactar en el estado emocional de las madres, contribuyendo así a su salud integral, en una etapa crítica de sus vidas.
En el corto plazo, los beneficios para la madre se evidencian en la recuperación del post parto, donde la lactancia estimula la producción de diversas hormonas que producen la retracción del útero, promoviendo de esta forma la recuperación del cuerpo en un periodo de tiempo menor. Por otro lado, al momento de producir leche, la mujer va a utilizar sus propias reservas energéticas para producirla, esto quiere decir que va a generar un gasto energético similar a realizar ejercicio físico de forma vigorosa, pudiendo significar el gasto de 500 calorías diarias. Esto si es acompañado con una alimentación equilibrada de parte de la madre va a permitir que recupere su peso preconcepcional con mayor facilidad y en menor tiempo.
A corto y mediano plazo, la lactancia materna disminuye el riesgo de sufrir depresión post parto y ansiedad materna, los primeros meses de vida de los bebés, significan cambios en la vida de los progenitores, los que sin las herramientas y apoyos pasa a ser un periodo difícil para el núcleo familiar.
En el largo plazo, la lactancia materna disminuye el riesgo de desarrollar distintos tipos de cáncer, por ejemplo el de mama, el cual es el más prevalente y de mayor mortalidad en mujeres en Chile. Por otro lado, protege frente al desarrollo de cáncer de ovario y de enfermedades como diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial y enfermedades al corazón.
Además de los beneficios directos para la madre y el bebé, no hay que olvidar que a través de la lactancia se traspasan sabores, olores y nutrientes de la propia dieta materna a la del bebe lo cual hace que, posteriormente, aumente la aceptabilidad del lactante por una variedad de alimentos, disminuyendo así el riesgo de rechazos y neofobias alimentarias. Por lo tanto, los hábitos alimentarios de la madre en este periodo son fundamentales, tanto para su propia recuperación como para la nutrición del bebe.
La lactancia materna, no sólo brinda beneficios nutricionales; sino también beneficios inmunológicos para él/la bebe y genera efectos positivos en ámbitos psicológicos y emocionales del vínculo madre-hijo/a. Sin embargo, es un proceso que requiere del apoyo de todas/os, por lo que las/os invitamos a pedir ayuda al equipo de salud, quienes podrán guiar y ayudar en este proceso, para que sea lo más natural y cómodo posible.
Por: Paulina Molina – Natalia Gómez.
Publicado originalmente en diarioUchile
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