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Lorena Rodríguez Osiac – GTOP https://gtop.uchile.cl Thu, 18 Jun 2026 00:57:35 +0000 es-CL hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.7.17 A diez años de la Ley de Etiquetado y Publicidad de Alimentos: una lección sobre entornos saludables https://gtop.uchile.cl/ley-de-etiquetado-y-publicidad/ Thu, 18 Jun 2026 00:57:34 +0000 https://gtop.uchile.cl/?p=1339 Hace diez años, Chile tomó una decisión que parecía difícil de imaginar: regular la producción de la industria alimentaria para proteger la salud de la población. Lo que comenzó como una política nacional terminó convirtiéndose en una referencia internacional, al imponer por primera vez un etiquetado de advertencia de nutrientes potencialmente dañinos para la salud (sodio, grasas saturadas, azúcares) y energía (calorías). La Ley 20.606 sobre Composición Nutricional de los Alimentos y su Publicidad no solo transformó la manera en que se presentan los alimentos en nuestro país, sino que también inspiró regulaciones similares en diversas naciones de América Latina y otras regiones del mundo.

Pero esta Ley no sólo abordó el etiquetado, información clave para la selección de la compra y consumo de alimentos, sino que también prohibió la publicidad dirigida a menores de 14 años y la venta en las escuelas, de alimentos potencialmente dañinos para la salud. Adicionalmente, esta Ley obliga a que toda la publicidad de los productos con sello “alto en” lleve un mensaje obligatorio de “alimento con sello alto en, evita su consumo”; además prohíbe la publicidad de estos productos en horario diurno en cine y televisión; y también prohíbe la publicidad de sucedáneos de leche materna. En otras palabras, fue una política integral que buscó intervenir simultáneamente distintos factores que influyen en las decisiones alimentarias de la población.

A diez años de su implementación, cabe preguntarse qué hemos aprendido. La primera lección es que las políticas públicas pueden modificar los entornos alimentarios. La evidencia disponible muestra que disminuyeron las ventas de algunos productos con sellos y que numerosas empresas reformularon sus alimentos para reducir nutrientes críticos. Estos cambios habrían sido difíciles de alcanzar únicamente mediante campañas educativas o apelando a la responsabilidad individual de las personas o de las industrias. Un reciente estudio muestra además que esta Ley contribuyó significativamente a modificar a la baja las trayectorias de peso infantil, lo que constituye un efecto protector para estos niños y niñas, no sólo de obesidad sino de todas las enfermedades crónicas asociadas a esta condición.

Sin embargo, también hemos aprendido que ninguna política, por exitosa que sea, puede resolver por sí sola un problema tan complejo como la obesidad. Chile continúa enfrentando cifras preocupantes. Como muestran las encuestas disponibles, cerca del 95% de la población no cumple las recomendaciones de las Guías Alimentarias para Chile, más del 70% de los adultos vive con exceso de peso y más de la mitad de los escolares presenta esta condición. Aunque necesitamos información más actualizada para evaluar plenamente la evolución de estos indicadores, resulta evidente que los desafíos persisten.

La propia implementación de la ley ha abierto nuevas preguntas. La reformulación de productos permitió reducir nutrientes críticos en numerosos alimentos, constituyendo un avance relevante, pero también dio paso a una creciente oferta de productos que, aun cuando cumplen con los criterios establecidos por la Ley, continúan siendo alimentos ultraprocesados con alta presencia de edulcorantes y otros aditivos, abriendo nuevos desafíos regulatorios y sanitarios, en atención a la evidencia creciente de asociación entre este tipo de productos y las enfermedades no transmisibles. Esto nos recuerda que las políticas deben evolucionar junto con las transformaciones del sistema alimentario y la evidencia científica.

La Ley 20.6060 sin duda no es suficiente para cubrir todas las barreras que tienen las personas para mantener una alimentación saludable. Enfrentar los problemas de disponibilidad, accesibilidad y asequibilidad (acceso económico) a los alimentos frescos, naturales y saludables, requiere políticas públicas complementarias a las ya implementadas. La falta de tiempo, la inequidad en la distribución de las tareas del hogar, los entornos comunitarios obesogénicos, la falta de espacios gratuitos para la práctica de actividad física, la construcción de ciudades poco amigables con las personas, entre muchos otros factores dificultan las decisiones saludables. Las posibilidades de alimentarse de manera saludable siguen distribuyéndose de manera desigual según el territorio y las condiciones sociales en las que viven las personas. Elegir no es un verbo que la mayor parte de nuestra población pueda aplicar, al menos no en la alimentación ni en la actividad física. Es responsabilidad del Estado favorecer las mejores decisiones, garantizando ambientes más saludables mediante regulaciones, leyes, planes y programas que aborden las principales causas, dejando de culpar a las personas por sus prácticas poco saludables. La Ley de Etiquetado y Publicidad de Alimentos fue un excelente ejemplo de cómo el Estado puede ayudar a mejorar los entornos para que las personas puedan tomar mejores decisiones.

Abordar la alimentación poco saludable, además de contribuir a combatir la obesidad, permitirá disminuir los casos de cáncer y enfermedades cardiovasculares que hoy afectan a un gran número de personas en nuestro país, sobrecargando el sistema de salud, debilitando la economía y el desarrollo y perjudicando la calidad de vida de nuestra población. Así como hay que preocuparse de aquellos/as que ya sufren estas enfermedades, dándoles atención oportuna y de calidad, también hay que preocuparse por las medidas preventivas efectivas para reducir los nuevos casos de estas condiciones.

Avanzar en la promoción de una vida saludable requiere fortalecer y complementar las políticas existentes. Facilitar el acceso económico a alimentos saludables, proteger y fortalecer las ferias libres, mejorar los entornos comunitarios, regular nuevas formas de publicidad digital, promover ciudades más caminables y generar mejores condiciones para conciliar trabajo, cuidados y alimentación son algunos de los desafíos que enfrentamos como sociedad.

La Ley 20.606 constituye un motivo de orgullo para Chile y una demostración concreta de que la regulación puede contribuir a mejorar la salud pública. Pero también nos recuerda que el trabajo está lejos de terminar. La obesidad es un fenómeno complejo, cuyas causas abarcan dimensiones biológicas, sociales, económicas, culturales y ambientales. Enfrentarla requiere actuar simultáneamente desde múltiples frentes.

El mejor homenaje que podemos rendir esta Ley en su décimo aniversario es celebrar sus logros y asumir el desafío de seguir construyendo políticas públicas basadas en evidencia. Solo así lograremos transformar los entornos en espacios más saludables, equitativos y protectores para toda la población.

Por : Lorena Rodríguez Osiac, Patricia Gálvez Espinoza y Daniel Egaña Rojas

Publicado originalmente en ElMostrador

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GTOP publica investigación que evidencia desigualdades socioeconómicas en el entorno alimentario digital en Chile https://gtop.uchile.cl/entorno-alimentario-digital-en-chile/ Tue, 24 Mar 2026 14:48:37 +0000 https://gtop.uchile.cl/?p=1286

Un estudio cualitativo desarrollado por investigadoras e investigadores del Grupo Transdisciplinario en Obesidad de Poblaciones (GTOP) de la Universidad de Chile analiza cómo adultos de distintos niveles socioeconómicos interactúan con el entorno alimentario digital, evidenciando profundas desigualdades en acceso, consumo e influencia del marketing, con implicancias clave para la salud pública y el diseño de políticas.

El Grupo Transdisciplinario para la investigación, docencia y extensión en Obesidad de Poblaciones (GTOP), publicó recientemente el artículo científico “Exploring Socioeconomic Disparities in Adults’ Interactions with the Digital Food Environment: A Qualitative Study”, que aporta nueva evidencia sobre cómo las desigualdades sociales se expresan en los entornos alimentarios digitales en Chile.


El estudio fue elaborado íntegramente por integrantes de GTOP —Paulina Molina Carrasco, Natalia Gómez San Carlos, Lorena Rodríguez Osiac, Daniel Egaña Rojas, Carolina Franch Maggiolo y Patricia Gálvez Espinoza— y se basa en 11 grupos focales realizados en la Región Metropolitana con 78 personas adultas de distintos contextos socioeconómicos.


La investigación fue publicada en Sage Journals, una reconocida plataforma digital de la editorial SAGE Publishing que reúne más de 1.000 revistas científicas revisadas por pares en áreas como ciencias sociales, salud, humanidades y ciencias de la vida, consolidándose como un espacio de difusión de investigación de alto impacto a nivel internacional.


Los resultados muestran que la interacción con el entorno alimentario digital es generalizada, pero presenta diferencias significativas según el nivel socioeconómico. En sectores de mayores ingresos, el uso de plataformas digitales para la compra de alimentos —incluyendo supermercados y servicios de delivery— forma parte de la vida cotidiana. En contraste, en sectores de menores ingresos, este uso es más esporádico y está condicionado principalmente por promociones, restricciones presupuestarias y apoyo de familiares más jóvenes. Esto último releva dinámicas intergeneracionales relevantes, donde personas jóvenes actúan como mediadoras en el uso de tecnologías digitales dentro del hogar, facilitando el acceso a plataformas de compra y configurando, en parte, las decisiones alimentarias familiares.


El análisis evidencia que el entorno alimentario digital opera simultáneamente como un espacio de acceso, consumo y diferenciación social, donde factores como la conectividad, la alfabetización digital y los recursos económicos determinan las posibilidades de interacción y elección alimentaria.
En Chile, donde la prevalencia de obesidad en población adulta alcanza un 42%, la expansión de estos entornos digitales adquiere una relevancia crítica, al influir en las decisiones de compra, los patrones de consumo y, en consecuencia, en la salud de la población.
Desigualdades digitales que impactan la alimentación y la salud


El estudio también identifica que el entorno alimentario digital no solo facilita el acceso y compra a alimentos, sino que funciona como un espacio de comunicación e influencia, donde la publicidad digital —principalmente de alimentos de baja calidad nutricional— tiene una presencia constante.
Se observa que las personas de nivel socioeconómico alto tienden a desarrollar una mayor capacidad crítica frente a estas estrategias de marketing, reconociendo el rol de los algoritmos y adoptando medidas para reducir su exposición, como el bloqueo de notificaciones. En cambio, en contextos de menores ingresos, la interacción con la publicidad digital es más pasiva y orientada a la búsqueda de beneficios económicos inmediatos, como descuentos o promociones.


Otro hallazgo clave es que las plataformas digitales tienden a concentrar la oferta en alimentos ultraprocesados y preparaciones de alta densidad energética, mientras que el acceso a opciones saludables aparece más limitado en contextos socioeconómicos bajos, lo que podría reforzar desigualdades en la calidad de la alimentación.


Estos resultados subrayan la necesidad de fortalecer el abordaje del entorno alimentario digital desde las políticas públicas, considerando medidas más estrictas para la regulación del marketing digital de alimentos, el desarrollo de estrategias de alfabetización digital en salud y la promoción de una mayor disponibilidad y visibilidad de alimentos saludables en plataformas digitales.


Cabe señalar que la publicación pudo ser financiada gracias a la convocatoria de “Financiación de publicaciones para estudiantes y jóvenes investigadores de Colansa (Comunidad de Práctica Latinoamérica y Caribe Nutrición y Salud), un grupo de profesionales y de organizaciones de la sociedad civil y de la academia que contribuye al desarrollo de sistemas alimentarios saludables, sustentables, equitativos e inclusivos y que promueve una mejor nutrición y salud de las poblaciones en Latinoamérica y el Caribe. Y además son parte de los resultados del Proyecto Fondecyt Regular 2023 “Practices and interactions of actors in food environments: Rethinking the social determination of food” (Proyecto #1230545).


Revisa aquí el artículo completo Exploring Socioeconomic Disparities in Adults’ Interactions with the Digital Food Environment: A Qualitative Study – Paulina Molina Carrasco, Natalia Gómez San Carlos, Lorena Rodríguez Osiac, Daniel Egaña Rojas, Carolina Franch Maggiolo, Patricia Gálvez Espinoza, 2026

Comunicaciones GTOP UChile

Publicado originalmente en: Noticias Uchile

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GTOP lidera seminario internacional para transformar los entornos alimentarios en Chile y Latinoamérica https://gtop.uchile.cl/gtop-lidera-seminario-internacional/ Thu, 29 Jan 2026 15:45:02 +0000 https://gtop.uchile.cl/?p=1274

Expertos de la Universidad de Chile y destacadas investigadoras de Brasil se reunieron para analizar la evidencia científica sobre cómo los entornos físicos y digitales moldean las decisiones de consumo, reafirmando la necesidad de políticas públicas robustas para combatir la obesidad desde una perspectiva transdisciplinaria.

En un esfuerzo por abordar las causas estructurales de la malnutrición por exceso, el Grupo Transdisciplinario para la Obesidad de Poblaciones (GTOP) de la Universidad de Chile llevó a cabo el seminario internacional “Descifrando la evidencia, desafíos y soluciones para ambientes alimentarios saludables”. El encuentro realizado, congregó a académicos/as, tomadores de decisión y especialistas para discutir cómo el entorno en el que las personas viven, estudian y trabajan condiciona su salud pública.

La actividad se enmarca en el cierre y consolidación de proyectos de alto impacto, como el Fondecyt Regular 1230545, que investiga las interacciones de actores en ambientes alimentarios, y el proyecto U-Redes, orientado a fortalecer la red nacional e internacional de GTOP. La Dra. Patricia Gálvez, directora del proyecto y académica del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina, destacó la relevancia de la cooperación regional: “Este es un tema que nos sirve a todos; quisimos traer la experiencia de Brasil, quienes son referentes en investigación de ambientes alimentarios en Latinoamérica, para tomar ideas y compararlas con nuestra realidad local”, sostuvo al inicio de la jornada.

La actividad se realizó en el marco de la mesa redonda sobre ambientes alimentarios, un espacio de diálogo que buscó compartir evidencia, experiencias y desafíos desde distintas dimensiones del entorno alimentario, integrando miradas académicas, territoriales y de política pública.

La presentación de la Dra. Inês Rugani, de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, contó los hallazgos críticos sobre la configuración de los territorios, enfatizando cómo el acceso geográfico determina la calidad de la dieta. En su exposición, detalló la identificación de “desiertos alimentarios” —áreas con nula oferta de productos frescos— y “pantanos alimentarios”, donde predomina la venta de productos ultraprocesados. Rugani subrayó que estas disparidades no son accidentales, sino que responden a dinámicas de mercado que profundizan las brechas de salud en las poblaciones más vulnerables.

Asimismo, la Dra. Rugani profundizó en la importancia de los marcos regulatorios y el monitoreo constante de estos espacios físicos. Explicó que la evidencia en Brasil demuestra que la sola existencia de ferias libres o mercados públicos puede contrarrestar el avance de las enfermedades crónicas, pero que se requiere un apoyo estatal decidido para proteger estos puntos de abastecimiento frente a la presión de las grandes cadenas de supermercados y la industria de comestibles ultraprocesados.

Del entorno físico al desafío del marketing digital y los algoritmos

Por su parte, la Dra. Paula Martins Horta abordó una de las fronteras más recientes y complejas para la salud pública: el ambiente alimentario digital. Sus investigaciones revelan cómo las estrategias de marketing en redes sociales y aplicaciones de delivery utilizan algoritmos para dirigir el consumo hacia productos poco saludables. Horta explicó que esta “arquitectura digital” actúa de forma silenciosa pero potente, mediando las decisiones de compra a través de la publicidad personalizada y la constante exposición de los niños y jóvenes a marcas de ultraprocesados en entornos virtuales.

La Dra. Horta también advirtió sobre la “omnipresencia” de este ambiente, que, a diferencia de los entornos físicos, acompaña al individuo en todo momento a través de sus dispositivos móviles. Su estudio recalca que la regulación actual es insuficiente, ya que las empresas han sabido migrar sus tácticas de persuasión a espacios no tradicionales —como juegos en línea o colaboraciones con creadores de contenido—, lo que exige que la salud pública desarrolle nuevas herramientas de monitoreo y vigilancia digital para proteger los derechos de los consumidores.

Por su parte la Dra. Daniela Canella, investigadora de la Universidad del Estado de Río de Janeiro con una vasta trayectoria de más de 130 artículos científicos, centró su exposición en los resultados de sus estudios sobre ambientes alimentarios laborales y el consumo de productos ultraprocesados. Canella advirtió que los entornos de trabajo actúan frecuentemente como espacios facilitadores para el consumo de productos de baja calidad nutricional debido a la alta disponibilidad de máquinas expendedoras y la falta de infraestructuras para la preparación de alimentos frescos. Según sus hallazgos, la presencia de estos productos en las jornadas laborales no solo desplaza el consumo de alimentos naturales, sino que consolida patrones alimentarios perjudiciales que son difíciles de revertir sin políticas de regulación interna que prioricen el bienestar del trabajador sobre la oferta comercial.

La experta mostró también, la diversidad de instrumentos existentes para la evaluación de este ambiente alimentario organizacional, sin embargo, ninguno es capaz de captar la totalidad de dimensiones de éste. Finalmente, destacó como el ambiente alimentario digital también se encuentra presente en lugares de trabajo o estudio.

Finalmente, la Dra. Lorena Rodríguez, académica de la Universidad de Chile e integrante de GTOP, centró su intervención en el ambiente alimentario doméstico. Rodríguez analizó cómo las familias chilenas desarrollan estrategias para gestionar la alimentación dentro del hogar, enfrentando barreras como la falta de tiempo y los altos costos. Sus resultados sugieren que incluso dentro del espacio privado, las decisiones están fuertemente condicionadas por la oferta del entorno externo, lo que refuerza la necesidad de intervenciones que no solo eduquen, sino que transformen la disponibilidad real de alimentos.

La Dra. Rodríguez hizo hincapié en que la carga de la alimentación saludable suele recaer de manera desproporcionada en las mujeres, lo que añade una dimensión de género al análisis de la obesidad. “No basta con decir a la gente que coma sano; debemos entender cómo la organización del hogar y el trabajo impactan en lo que llega a la mesa”, puntualizó. En este sentido, la evidencia presentada por la académica refuerza que el ambiente doméstico es el último eslabón de una cadena de determinantes sociales que deben ser abordados de forma sistémica.

Al cierre de la jornada, la Dra. Patricia Gálvez enfatizó que, a pesar de los avances normativos de Chile en el pasado, el escenario actual exige una renovación de compromisos y mayor profundidad en la investigación. “El mensaje es que todavía nos queda mucho que desarrollar en términos de ambientes alimentarios en Chile. Agradecemos a nuestras invitadas internacionales que nos traen más investigación y más preguntas. Llevamos varios años trabajando juntas y estas instancias nos permiten seguir fortaleciendo la reflexión crítica para avanzar hacia entornos más saludables”.

Comunicaciones GTOP UChile

Publicado originalmente en: Noticias Uchile

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GTOP se adjudica fondo de extensión para editar libro crítico sobre políticas públicas en salud https://gtop.uchile.cl/gtop-se-adjudica-fondo-de-extension/ Thu, 22 Jan 2026 00:19:41 +0000 https://gtop.uchile.cl/?p=1254

El Grupo Transdisciplinario para la investigación, docencia y extensión en Obesidad de Poblaciones (GTOP), en articulación con la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, se adjudicó un fondo de extensión de la Facultad de Medicina que permitirá editar un libro colectivo orientado al análisis crítico de políticas públicas que inciden en la alimentación, la obesidad y la actividad física en Chile, desde una perspectiva transdisciplinaria, poblacional y basada en evidencia.

El Grupo Transdisciplinario para la investigación, docencia y extensión en Obesidad de Poblaciones (GTOP) se adjudicó un fondo de extensión de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, destinado a la edición de un libro que ha sido desarrollado de manera colectiva por sus integrantes. La iniciativa permitirá avanzar en la publicación de la obra “Miradas Críticas a la Política Pública en Chile: Obesidad, Actividad Física y Alimentación”, concebida como un aporte académico y de divulgación al análisis de políticas públicas que impactan directamente en la vida cotidiana de las personas.

Según explicó Daniel Egaña Rojas, integrante del comité directivo de GTOP, el libro tiene como objetivo analizar críticamente políticas públicas vinculadas a la alimentación, la obesidad y la actividad física, incorporando la mirada característica del grupo, basada en la transdisciplina y en el abordaje poblacional de los problemas de salud. La publicación reúne a académicas y académicos de distintas disciplinas y facultades de la Universidad de Chile, junto con autores invitados externos, lo que permite dar cuenta de la diversidad de enfoques presentes en el análisis.

El foco de la obra es constituirse como un documento de extensión y divulgación que sistematice la mirada de GTOP sobre las políticas públicas en estos ámbitos, aportando al debate informado más allá del espacio estrictamente académico. En ese sentido, el libro busca dialogar con distintos públicos, incluyendo estudiantes, tomadores de decisión y actores sociales interesados en la salud pública y sus determinantes sociales.

Un libro construido desde la investigación y la extensión

La elaboración del manuscrito se desarrolló en el marco de un proyecto U-Redes adjudicado por GTOP y financiado por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile, lo que permitió consolidar el trabajo colaborativo entre distintas unidades académicas y disciplinas. A partir de ese proceso, el grupo postuló al fondo de extensión de la Facultad de Medicina con el fin de financiar la etapa de edición del libro, que contempla revisión de estilo, corrección técnica y preparación editorial.

El proyecto se inscribe en una estrategia de vinculación con el medio que busca fortalecer el rol de la Universidad de Chile en la generación de conocimiento crítico y socialmente pertinente en salud pública. Desde GTOP destacaron la importancia del respaldo otorgado por la Dirección de Extensión de la Facultad de Medicina, señalando que esta adjudicación permite seguir avanzando en la consolidación de un enfoque crítico, transdisciplinario y con compromiso social frente a los desafíos que plantean la obesidad, los ambientes alimentarios y la actividad física en Chile.

Comunicaciones GTOP UChile

Publicado originalmente en: Noticias Uchile

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Especialistas U. de Chile proponen medidas para aumentar el consumo de productos del mar https://gtop.uchile.cl/aumentar-el-consumo-de-productos-del-mar/ Tue, 06 Jan 2026 17:50:10 +0000 https://gtop.uchile.cl/?p=1242 Chile es uno de los principales países pesqueros del mundo, pero mantiene un consumo de productos del mar inferior al promedio global. Para abordar esta brecha, la Universidad de Chile presentó un Policy Brief con recomendaciones orientadas a la gobernanza pesquera y al sistema escolar, con foco en salud pública y equidad alimentaria.

Buscando aportar a las políticas públicas en materia alimentaria, la Universidad de Chile estrenó el Policy Brief “Productos del mar en la mesa chilena: Recomendaciones de políticas públicas para aumentar su consumo en la población”.
Buscando aportar a las políticas públicas en materia alimentaria, la Universidad de Chile presentó el Policy Brief “Productos del mar en la mesa chilena: Recomendaciones de políticas públicas para aumentar su consumo en la población”.
En Chile, una de cada 10 personas cumple con las recomendaciones de las Guías Alimentarias Basadas en Alimentos (GABA) de consumir productos del mar al menos dos veces por semana, es decir, el 9,2% de la población nacional. La brecha en el consumo de estos alimentos es una preocupación en salud pública, pues el pescado y otros productos del mar son una fuente importante de nutrientes.
En Chile, solo una de cada 10 personas cumple con la recomendación de consumir productos del mar al menos dos veces por semana (9,2% de la población). Esta brecha representa una preocupación en salud pública, dado su aporte clave de nutrientes.
El documento se enfoca en fortalecer la gobernanza territorial pesquera y ampliar el acceso a través del sistema escolar, con el propósito de incidir en el sistema alimentario y alinearlo con las metas de salud pública.
El documento se enfoca en fortalecer la gobernanza pesquera territorial y ampliar el acceso desde el sistema escolar, con el propósito de incidir en el sistema alimentario y alinearlo con metas de salud pública.
El Policy Brief asegura que el bajo consumo de estos productos se origina principalmente por barreras de acceso económico, lo que genera inequidades reflejadas en la ingesta de grupos de menor nivel socioeconómico. Esto se complementa con la actual normativa pesquera, la cual prioriza intereses económicos del sector industrial exportador por sobre el abastecimiento interno y local.
El Policy Brief señala que el bajo consumo de productos del mar se explica principalmente por barreras de acceso económico, lo que genera inequidades en la ingesta según nivel socioeconómico, junto con una normativa pesquera que prioriza la exportación por sobre el abastecimiento local.

En Chile, una de cada 10 personas cumple con las recomendaciones de las Guías Alimentarias Basadas en Alimentos (GABA) de consumir productos del mar al menos dos veces por semana, es decir, el 9,2% de la población nacional. La brecha en el consumo de estos alimentos es una preocupación de salud pública, pues el pescado y otros productos del mar son una fuente importante de nutrientes que aportan al desarrollo infantil, la salud cardiovascular y la prevención de enfermedades crónicas.

Este problema se origina principalmente en barreras de acceso económico a los productos del mar, derivadas de su alto precio e inequidades socioeconómicas. A su vez, influye la existencia de limitaciones en la normativa sectorial, que desincentivan el consumo humano de productos locales provenientes del mar.

En esta línea, buscando aportar a las políticas públicas en materia alimentaria, la Universidad de Chile estrenó el Policy Brief “Productos del mar en la mesa chilena: Recomendaciones de políticas públicas para aumentar su consumo en la población”. El documento se enfoca en fortalecer la gobernanza territorial pesquera y ampliar el acceso a través del sistema escolar, con el propósito de incidir en el sistema alimentario y alinearlo con metas de salud pública.

El escrito fue realizado por un equipo transdisciplinar compuesto por integrantes de la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina y de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, además de especialistas y exmiembros de la Encuesta Nacional de Consumo Alimentario y de Sernapesca.

La directora Escuela de Salud Pública Lorena Rodríguez Osiac, académica de la Facultad de Medicina, directora del grupo Transdisciplinario para la Obesidad de Poblaciones (GTOP) y una de las autoras del texto, señaló que el documento “fue producto de un análisis transdisciplinario del problema donde participaron profesionales del área de la nutrición, salud pública, biología marina e ingeniería comercial, puesto que hay barreras económicas, físicas y culturales para el consumo habitual y adecuado a las recomendaciones”.

Barreras para el consumo de productos del mar en hogares chilenos

Pese al alto potencial pesquero del país, el consumo de productos del mar en los hogares chilenos sólo alcanza un 14,8 kg/año por persona. Esto se encuentra por debajo del promedio mundial: países como Noruega y China lideran el ranking con 50,2 kg/año y 39,9 kg/año, respectivamente.

La brecha en el consumo de estos alimentos se asocia a una preocupación de salud pública, pues el pescado y otros productos del mar son una fuente importante de omega-3, proteínas, vitaminas y minerales, potenciando el desarrollo infantil, la salud cardiovascular y la prevención de enfermedades crónicas.

El Policy Brief asegura que el bajo consumo de estos productos se origina principalmente por barreras de acceso económico, lo que genera inequidades reflejadas en la ingesta de grupos de menor nivel socioeconómico. Esto se complementa con la actual normativa pesquera, la cual prioriza intereses económicos del sector industrial exportador por sobre el abastecimiento interno y local, debido a que la legislación vigente otorga cuotas de pesca preferenciales a grandes empresas, en desmedro del sector artesanal, lo cual concentra el control de los recursos y reduce la oferta en los mercados locales.

Al respecto, la profesora Rodríguez señaló que “abordar este problema tiene un componente individual o agencial de cambio conductual, pero también tiene un componente estructural, poblacional y regulatorio, de tal manera que se logran superar las barreras de disponibilidad, de acceso físico y económico a estos productos”.

Mientras que Rosa Vásquez, magíster en Salud Pública de la Universidad de Chile y autora del contenido, mencionó que “se identifica una débil articulación intersectorial entre políticas de pesca, salud, educación y desarrollo social, lo que limita la efectividad y sostenibilidad de las iniciativas existentes. En el ámbito escolar, se observa una baja aceptabilidad del pescado en el Programa de Alimentación Escolar, junto con una incorporación insuficiente para cumplir estándares nutricionales nacionales”.

Recomendaciones hacia la política pública

El documento propone dos líneas con recomendaciones estratégicas. La primera apunta a fortalecer la gobernanza pesquera territorial, mediante ajustes normativos y de gestión que favorezcan la disponibilidad y el acceso físico y económico a productos locales.

Entre las medidas destacadas, “se incluye la creación de direcciones municipales de pesca, el fortalecimiento de la pesca artesanal, la reducción de intermediación y la promoción de circuitos cortos de comercialización orientados al consumo humano”, afirmó la investigadora Vásquez. Mientras que Rodríguez manifestó que “se recomiendan acciones que promueven la participación activa de las y los pescadores en la toma de decisiones y se basa en la evidencia de que las personas tienden a aumentar el consumo cuando el pescado es capturado o cultivado localmente”.

La segunda recomendación se centra en la incorporación sistemática del pescado en el sistema escolar, tanto a través del Programa de Alimentación Escolar (PAE) como mediante estrategias de educación nutricional.

Al respecto, Rodríguez señaló que “la escuela es un entorno propicio para influir en los hábitos alimentarios”, indicando que las políticas implementadas pueden apoyar prácticas más saludables y cambios en el comportamiento alimentario. Mientras que Vásquez concluyó que “se propone adecuar las bases de licitación del PAE a las GABA, priorizar proveedores locales, fortalecer la articulación entre la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (JUNAEB), el Ministerio de Salud (MINSAL), el Ministerio de Educación (MINEDUC) y la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (SUBPESCA), e integrar contenidos sobre productos del mar en el currículum escolar, combinando cambios estructurales con intervenciones educativas”.

Comunicaciones VID

Publicado originalmente en: Noticias Uchile

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¿Qué alimentos comeremos en el futuro?: Especialistas UCHILE apuntan a una producción y consumo sostenible a largo plazo https://gtop.uchile.cl/que-comeremos-en-el-futuro/ Fri, 17 Oct 2025 11:54:12 +0000 https://gtop.uchile.cl/?p=1212 Sumar ingredientes vegetales, como algas, privilegiar legumbres, tubérculos, y harinas hechas con insectos son algunas de las ideas que surgen pensando en 2050. Asimismo, académicas de la Casa de bello plantean que el uso de tecnología en el diseño de alimentos puede contribuir a una producción más consciente con el medio ambiente.

El Día Mundial de la Alimentación se celebra anualmente el 16 de octubre desde 1981. La fecha fue proclamada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura un año antes.

Es en este contexto que académicas de la Universidad de Chile proyectan lo que puede pasar en 20 o 30 años más y analizan cómo irá cambiando la alimentación con el paso del tiempo, los efectos del cambio climático en los distintos territorios y formas de cultivar los productos, y los cambios de hábitos que deberíamos todos y todas ir aplicando en nuestro día a día.

Lilian Abugoch James, académica de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile, señala que “la tendencia es ‘plant based’, o sea, regular las producciones intensivas que aumenten el efecto del calentamiento global. La tecnología nos está mostrando que se puede producir alimentos a nivel de células madre; por ejemplo, carne de ‘laboratorio’”, advierte.

Y la también integrante del Departamento de Ciencia de los Alimentos y Tecnología Química asegura que “se tenderá a una nutrición hecha a medida para cada persona. El cambio climático ya está instalado y se puede recurrir a cultivos como la quínoa y las tunas, que sean resistentes a estos cambios”.

Por su parte, la Dra. Johana López Polo, académica del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA), afirma que “los alimentos del futuro estarán profundamente influenciados por los avances de la biotecnología, la ingeniería de alimentos y la nanotecnología aplicada, con un enfoque prioritario en la sostenibilidad ambiental, la eficiencia de los recursos y la salud humana”.

Asimismo, sostiene que los alimentos del futuro “no solo serán fuentes de energía o nutrientes, sino vehículos de compuestos bioactivos con propiedades antioxidantes, antimicrobianas o inmunomoduladoras”.

Por su parte, la Dra. Lorena Rodríguez-Osiac, directora de la Escuela de Salud Pública de la UCHILE, coordinadora del Grupo GTOP, plantea que antes de pensar en la alimentación del futuro hay que pensar en la que tenemos hoy.

Lo que hagamos hoy en términos de producción de alimentos y de alimentación de las poblaciones va a incidir tanto en la salud de las personas en el futuro como en los sistemas alimentarios completamente. Hoy día la evidencia, lo que se está poniendo sobre la mesa, es la necesidad de pensar en sistemas alimentarios saludables y sostenibles. Eso significa cambiar las formas de producción que hoy día tenemos”, dice.

Por su parte, Gabriela Lankin Vega, Ingeniera Agrónoma, Ph.D., del Departamento de Sanidad Vegetal de la Facultad de Ciencias Agronómicas, apunta a los cambios de hábitos que tenemos que realizar y el impacto que estos pueden llegar a tener.

Es mejor hacer un poquito que no hacer nada. Si todo el mundo se queda pensando que su aporte es tan pequeño, esto no va a cambiar nunca. Cualquier cambio es importante y aporta”, dice la especialista, quien reconoce que en las charlas o exposiciones y en conversaciones con sus estudiantes se le consulta recurrentemente sobre este tema.

Asimismo, apunta a la necesidad de realizar “cambios de hábitos; entender de dónde vienen los alimentos, exigirles a las autoridades que existan políticas públicas que tienen que ver con la trazabilidad, con el consumo local, con la optimización del agua de riego”.

Y entrega el siguiente dato: Chile es un país donde el 70% del agua que se usa va al riego, y el otro 30% se reparte entre la minería, la industria, el uso sanitario, entre otras.

Tiene que haber un incentivo para mejorar los sistemas de riego, que los agricultores produzcan legumbres. Esto porque nosotros antes comíamos las legumbres producidas en Chile y hoy un 90% de los garbanzos, por ejemplo, se importa, teniendo un país agrícola”, advierte.

Y apunta al rol del Estado: “Sería maravilloso que se incentivara que los agricultores volvieran a producir legumbres, que le hacen bien al suelo, al ambiente y a nosotros. Un 30% del alimento se desperdicia; es imperante aprender a no botar comida, a utilizar partes de los alimentos que hoy desperdiciamos y que son perfectamente utilizables (tallos, hojas, etc.)”, afirma.

Algas, carnes sintéticas e insectos

La innovación, el conocimiento y la tecnología estarán presentes en lo que comamos en un futuro cercano. “Serán fundamentales para la alimentación”, dice Lilian Abugoch James, académica de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas.

“La tecnología y la biotecnología están en nuevas investigaciones: se habla de insectos, pero no se sabe aún el impacto que tendrá en el ambiente su uso intensivo; uso de algas (que también están agotándose) y de diversas tecnologías que permitirán tal vez a cada núcleo familiar crear sus propios alimentos”, sostiene.

En España, hoy ya se utilizan harinas elaboradas con insectos. Así lo asegura Gabriela Lankin, de la Facultad de Ciencias Agronómicas: “Uno es un grillo y el otro es una mosca, larva de mosca; no es la mosca doméstica, es otra. Allá ya existe harina de este grillo, que se agrega a las barritas de cereales o energéticas. En el fondo, ya existe la autorización desde el ministerio de salud para que esos ingredientes se integren en la alimentación humana”.

En Chile no existe eso todavía; lo que sí existe son grandes granjas de insectos para vender harina para las salmoneras. También hay una fábrica de comida para perros cuya proteína es de insectos. “En este momento en Chile existe solo para consumo animal, no humano”, plantea.

Volver a los productos ancestrales es lo que plantea la profesora Lorena Rodríguez, de la Escuela de Salud Pública. “De hecho, ya hay estudios para la recuperación de alimentos como el amaranto y la quínoa, que tienen condiciones de producción agrícola más sustentables porque requieren menos agua, toleran cambios de temperatura y se pueden dar en distintas zonas geográficas”, asegura.

Y agrega que “nosotros tenemos poca costumbre generalizada de consumir algassin embargo, en las regiones costeras las personas que viven más cerca de la costa hace mucho tiempo que incorporaron a su dieta las algas de origen marino. Creo que ahí también hay una muy buena oportunidad de recurrir a elementos que usamos poco, que son naturales, saludables y cuya producción tendrá que ser evaluada para que sea sostenible”.

Finalmente, la académica del INTA, Johana López, dice que “los alimentos del futuro combinarán biotecnología y sostenibilidad para crear sistemas alimentarios de bajo impacto ambiental y con alimentos que actúan no solo como sustento, sino como sistemas biofuncionales”.

Sin duda, plantea la especialista, “en la alimentación del futuro se incorporarán nuevos productos y tecnologías biotecnológicas que transformarán profundamente la forma en que nos alimentamos. La biotecnología, en conjunto con los avances en nanoencapsulación, permitirá obtener ingredientes altamente funcionales y estables, capaces de conservar su valor nutricional y bioactividad durante el procesamiento y almacenamiento”.

Y cierra señalando que “muy probablemente encontraremos en las estanterías alimentos que incorporen nanocápsulas con liberación controlada de compuestos bioactivos, capaces de contribuir a la prevención o mejora de enfermedades específicas, promoviendo al mismo tiempo una nutrición más personalizada y funcional”.

Por: Maritza Tapia, Prensa UCHILE; Verónica Zúñiga, (ESP); Luciana Lechuga (INTA) y Jorge Aliaga FCQyF. 

Publicado originalmente en: Noticias Uchile

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Especialistas dan consejos sobre cómo evitarlos: Identifican cinco hábitos comunes que favorecen la obesidad https://gtop.uchile.cl/identifican-cinco-habitos-comunes/ Mon, 29 Sep 2025 15:39:36 +0000 https://gtop.uchile.cl/?p=1209 Pedir con frecuencia comida por delivery, salir seguido a restaurantes con amigos, comer cuando no se puede dormir y picotear por estrés son algunos de ellos.

Más de mil millones de personas viven con obesidad en el planeta. Como una forma de luchar contra esta epidemia, científicos de la U. Northwestern (EE.UU.), establecieron cinco patrones clave para entender la sobrealimentación en adultos con obesidad. Un hallazgo que sugiere que comer en exceso se debe a una variedad de hábitos influenciados por aspectos como el entorno, las emociones y las costumbres individuales.

Un seguimiento a 60 adultos con obesidad, durante dos semanas, permitió a los investigadores identificar las circunstancias y motivos que llevaron a los pacientes a comer en exceso, los que agruparon en cinco categorías.

La primera de estas conductas es pedir comida de delivery en exceso —en especial comida rápida, que suele ser alta en calorías, azúcares o grasas—; otro es salir a comer muy seguido a restaurantes en compañía de amigos o familiares (cuando se tiende a comer sin medir las porciones), además de consumir alimentos durante la noche para relajarse o cuando no se puede dormir. Comer por placer y sin control durante actividades como el trabajo o el estudio y, por último, los picoteos nocturnos por estrés o soledad son otros factores.

Para Nabil Alshurafa, autor principal del estudio, “estos patrones reflejan la compleja interacción entre el entorno, la emoción y el hábito”. A su juicio, identificar  estos comportamientos abre la posibilidad de diseñar intervenciones pesonalizadas, adaptadas a las necesidades y circunstancias de cada paciente.

Lorena Rodríguez, directora de la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la U. de Chile y cofundadora del Grupo Transdisciplinario para la Obesidad de Poblaciones (GTOP), un factor común en estos cincos hábitos es que “son situaciones, entre comillas, de darse permiso para comer en exceso, por diferentes justificaciones: porque trabajé mucho hoy, porque tuve un mal día y lo merezco, etc.”.

“Si la sociedad estuviera consciente de esto, probablemente generaría menos de estas oportunidades y buscaríamos  una fórmula para que los momentos de placer no estuvieran vinculados a tanta comida en exceso”, plantea.

Junto a lo anterior, es clave comprender e intervenir no solo estos hábitos, también otros factores que favorecen el desarrollo de la obesidad, afirma Mónica Manrique, directora de la Asociación Chilena de Nutrición Clínica, Obesidad y Metabolismo, y jefa del Programa de Obesidad de la Clínica MEDS. Así, junto con mejorar hábitos nutricionales (evitando azúcar, grasas saturadas, sal, ultraprocesados, etc.), “se debe fomentar el ejercicio, respetar el ritmo circadiano, tanto en lo que respecta a horarios para comer como para dormir, y proteger la salud mental”.

Y agrega: “La evidencia científica muestra que estos factores no controlados alteran la regulación de la grasa a nivel cerebral y, en forma secundaria, generan hormonas que dan más hambre y menos ganas de moverse”.

Por otro lado, “el estrés crónico, cotidiano, produce cortisol, hormona que aumenta el deseo de comer y sobre todobla llamada confort food (alimentos que dan placer, como carbohidratos, grasas, etc.)”. Para evitarlo, Rodríguez sugiere no llegar a las comidas con mucha hambre y evitar “ayunos muy prolongados durante el día porque si no, se llega muerto de hambre a la casa y lo primero que se consume a veces es algo dulce”.

Los autores del estudio también aconsejan comer de manera consciente y sin distracciones, controlar el tamaño de las porciones y elegir alimentos ricos en fibra, que generan mayor saciedad.

No es malo darse un gusto a través de la comida, dice Rodríguez. “El problema viene cuando todos los días me estoy dando esta licencia y no de manera saludable”.

Por: C. Gonzalez

Publicado originalmente en: El Mercurio

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Un exceso de calorías no saludables también es pobreza https://gtop.uchile.cl/exceso-de-calorias-no-saludables-tambien-es-pobreza/ Thu, 17 Jul 2025 12:56:07 +0000 https://gtop.uchile.cl/?p=1183 Si la población no puede acceder a una Canasta Básica Alimentaria saludable, es el Estado el que debe garantizar las condiciones para que ello ocurra.

Hace pocos días se entregó al Presidente Boric el nuevo informe de la Comisión Asesora Presidencial para la Actualización de la Medición de la Pobreza, informe elaborado por un grupo transversal de expertos y expertas.

Este nuevo informe recomienda varios cambios que hacen más exigentes las actuales mediciones de la pobreza (tanto por ingreso como multidimensional). Es una actualización necesaria, que se ajusta a la realidad actual. Medir bien la pobreza es información para la acción.

Uno de los aspectos clave de la medición de la pobreza por ingreso implica evaluar el acceso de la población a una canasta básica de alimentos. La medición actual, iniciada a fines de la década del ochenta y actualizada hace diez años, se basa en el aporte calórico, bajo la lógica de que los sectores más pobres logren unos requerimientos mínimos.

Sin embargo, este tipo de medición resulta insuficiente en países como Chile (de ingresos medios-altos), donde la subalimentación es marginal (toda la población suele acceder al mínimo calórico), mientras que el sobrepeso y la obesidad alcanzan las tres cuartas partes de la población.

Asimismo, cada vez hay evidencia científica más robusta que apunta a entender la malnutrición no solo como un exceso calórico sino también como de problema de calidad de los alimentos, asociado al aumento de ultraprocesados.  

Si bien el cálculo de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) se realiza en base a los patrones de consumo de la población (identificados a partir de la Encuesta de Presupuestos Familiares), los actuales patrones se encuentran sobredeterminados por el alto consumo de alimentos ultraprocesados de baja calidad nutricional y “Altos En” azúcares, sal, grasas y calorías, lo cual es reflejo tanto del peso de la industria alimentaria como las dificultades de acceso físico y económico a alimentos saludables.

Así, una CBA acorde a los tiempos implica también establecer mínimos en la calidad de los alimentos, aumentando la exigencia del cálculo de la pobreza.

En esta nueva propuesta, el Grupo Transdisciplinario para la Obesidad de Poblaciones (GTOP) de la Universidad de Chile asesoró a la Comisión para la Actualización de la Medición de la Pobreza, recomendando el estándar más alto disponible, que sería una CBA saludable y sostenible basada en las recomendaciones de la Comisión EAT Lancet sobre “Dieta, Planeta y Salud”.

Esta propuesta busca responder a uno de los principales desafíos actuales, la coexistencia de desnutrición, obesidad y cambio climático, definidos como una “sindemia global”. Esta canasta saludable y sostenible es amigable con la salud de las personas y con el medio ambiente. Esta misma recomendación ya está incluida en las nuevas “Guías Alimentarias Poblacionales” del Ministerio de Salud de Chile.

Aunque la Comisión tomó solo parte de la propuesta de GTOP para incluir en las recomendaciones, estas fijan un nuevo estándar, el cual generará información relevante para la gestión de políticas públicas. Si la población no puede acceder a una CBA saludable, es el Estado el que debe garantizar las condiciones para que ello ocurra.

Asegurar el acceso, por otra parte, disminuirá la carga de morbilidad, mortalidad y discapacidad (por malnutrición y otras enfermedades asociadas) de la población, significando un potencial ahorro en el sistema de salud público. Por otra parte, constituye un mensaje para la población, indicando que la alimentación saludable se basa en alimentos mínimamente procesados (como legumbres, frutas y verduras), y que su consumo no solo contribuye a la salud de la población sino también al medioambiente.

Por: Lorena Rodriguez y Daniel Egaña

Publicado originalmente en El Mostrador

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Expertas y expertos U. de Chile proponen una nueva canasta alimentaria saludable y sostenible para el país https://gtop.uchile.cl/nueva-canasta-alimentaria-saludable-y-sostenible/ Tue, 08 Jul 2025 13:08:29 +0000 https://gtop.uchile.cl/?p=1175 Se trata de la propuesta emanada a partir de un estudio realizado por académicas y académicos de distintas disciplinas de la Casa de Bello, todos miembros del Grupo Transdisciplinario para la Obesidad de Poblaciones (GTOP-UCHILE). Esta propuesta, que propone considerar la denominada “sindemia global” -definida como tres pandemias que coexisten: desnutrición, obesidad y cambio climático- fue publicada por revista científica, Nutrients.

Publicado en la revista científica Nutrients, el paper “Recomendaciones de EAT–Lancet y su viabilidad en Chile (2014–2023): Una comparación de costos durante una década entre una Canasta Saludable y Sostenible y la Canasta Básica de Alimentos” -generado por un equipo interdisciplinario de la U. de Chile-, expone la necesidad de integrar dimensiones de calidad nutricional e impacto al medioambiente en dicho indicador para la medición de la pobreza en el país.

La publicación del estudio coincidió con la entrega al Presidente de la República del informe elaborado por la Comisión de la Pobreza, que utiliza como uno de sus principales insumos la canasta básica de alimentos. Aunque se trata de ejercicios distintos, ambos fueron desarrollados por el mismo grupo de académicos de la Universidad de Chile, quienes también entregaron asesoría técnica a dicha comisión. A diferencia del trabajo encargado por el Estado, que responde a ciertos lineamientos metodológicos específicos, el artículo publicado en Nutrients se ajusta más estrictamente a los criterios de la dieta planetaria de la Comisión EAT–Lancet, lo que permitió modelar una canasta alternativa con foco en salud y sostenibilidad.

La mencionada canasta saludable y sostenible busca responder a los desafíos de la “sindemia global”, definida como tres pandemias que coexisten: desnutrición, obesidad y cambio climático. Así lo explica una de las autoras del artículo, Lorena Rodríguez-Osiac, directora de la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile e integrante de GTOP, quien precisa que para abordar estos problemas se requiere un cambio mayor de los sistemas alimentarios.

“La canasta básica de alimentos de un país debe dar cuenta no sólo de suficiencia calórica, sino también, de calidad nutricional y sostenibilidad ambiental, como lo ha propuesto la Comisión Lancet sobre Dieta, Planeta y Salud. Esta información es importante para la gestión de políticas públicas, puesto que define línea de pobreza y, por ende, acciones del ámbito del desarrollo social, economía y salud, entre otros”, detalla la académica Lorena Rodríguez.

En tanto, el autor principal del artículo y académico del Departamento de Atención Primaria y Salud Familiar de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, Daniel Egaña, apunta que “la evidencia del estudio destaca la urgencia que representa incorporar nuevas dimensiones a la actual canasta alimentaria, con miras a fomentar políticas que apoyen el acceso equitativo a dietas saludables y sostenibles”.

Por primera vez, destaca, con esta metodología “se calcula una canasta saludable y sostenible, con precios nacionales reales, incluyendo las recomendaciones contenidas en la dieta Lancet, comparándola con la canasta básica de alimentos”, comenta.

“Se debería propender a cocinar más, a elaborar la propia alimentación y ocupar alimentos más naturales como legumbres, frutas y verduras para elaborar platos de comida que sean saludables para las personas y para el medioambiente”, precisa Egaña, proyectando que a partir de estos resultados, se podrían desarrollar nuevos estudios que determinen, por ejemplo, cuánto se podría ahorrar en gastos de salud si mejora el acceso a una dieta saludable y sostenible, disminuyendo la carga de morbilidad en la población.

La propuesta no contempla un abanico de canastas, sino un único set de alimentos y cantidades definidos a partir de criterios nutricionales y ambientales. Esta incluye, por ejemplo, legumbres, frutas, verduras, cereales integrales y frutos secos, siguiendo las recomendaciones de la dieta EAT–Lancet para garantizar el bienestar humano y del ecosistema.

El estudio contó, también, con la participación de Patricia Gálvez del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y Francisco Cerecera Cabalín de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales de la Pontificia Universidad Católica, lo que releva la importancia de mirar la sindemia global como un problema complejo que requiere de un enfoque transdisciplinario, teniendo en consideración los determinantes sociales, tanto de las prácticas alimentarias, como de la malnutrición y el cambio climático.

Encuentra el artículo publicado en Nutrients, acá. 

Conoce más sobre la dieta global para la salud planetaria de la Comisión Lancet sobre Dieta, Planeta y Salud, aquí.

Por: Comunicaciones GTOP

Publicado originalmente en UChile.cl

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Productos del mar: desafíos, responsabilidades y oportunidades para su preservación y consumo en Chile https://gtop.uchile.cl/productos-del-mar/ Fri, 30 May 2025 18:11:44 +0000 https://gtop.uchile.cl/?p=1167 Con una extensa costa y una amplia biodiversidad marina, Chile se posiciona como una de las zonas costeras más privilegiadas del mundo. Esta riqueza se refleja en la variedad de pescados, mariscos y algas, que no solo forman parte de nuestra cultura alimentaria, sino que también destacan por ser altamente nutritivos, fundamentales para una buena salud, esenciales para la protección del medio ambiente y un pilar para el desarrollo económico y cultural del país.

Los productos del mar son ampliamente reconocidos por sus beneficios nutricionales. Mientras que los pescados destacan por su aporte de proteínas de alto valor biológico y por ser una excelente fuente alimentaria de ácidos grasos omega-3, los mariscos y algas son una fuente importante de vitaminas y minerales como el hierro, el zinc y el yodo, además del elevado aporte de fibra dietaria. Todos estos nutrientes les asignan propiedades inmunológicas, digestivas, antioxidantes, neuro y cardioprotectoras, que van en directo beneficio de quienes consumen productos del mar de forma regular.

Los alimentos marinos también destacan por sus beneficios medioambientales y sociales. Una gestión pesquera y acuícola responsable y sostenible contribuye directamente a la conservación de la biodiversidad marina. A su vez, la producción de productos del mar se asocia con una menor huella de carbono en comparación a la obtención de otras fuentes de proteína animal como las carnes rojas. Socialmente, la pesca y la acuicultura son actividades que fortalecen la economía de las comunicades costeras y del país, generando empleo, impulsando el desarrollo local, preservando oficios tradicionales y revalorizando la cultura alimentaria de productos marinos.

A pesar de su valor nutricional, ambiental, cultural y económico, el consumo nacional de productos del mar sigue siendo bajo. En la actualidad, en Chile se consumen 16,8 kg per cápita al año (Sociedad Nacional de Pesca, 2024), cifra que, aunque ha mostrado una tendencia al alza, se mantiene por debajo del promedio mundial (20 kg) y del consumo que tienen otros países líderes costeros como China y Perú. Además, sólo el 9,2% de la población en Chile reporta cumplir con el consumo recomendado de 2 porciones de pescado a la semana (Encuesta Nacional de Salud 2016-2017). Aunque las actuales Guías Alimentarias para la Población Chilena (2023) recomiendan “Aumentar el consumo de pescados, mariscos o algas de lugares autorizados”, sugiriendo un mínimo de dos porciones semanales, aún esta recomendación parece inalcanzable para gran parte de la población. El bajo acceso a productos del mar frescos, el alto costo, la presencia de otras alternativas procesadas más económicas y la percepción cultural de que son productos riesgosos y de difícil preparación, son solo algunas de las barreras que limitan el cumplimiento de esta recomendación. Por ello, en el país aún es un desafío pendiente lograr revertir las brechas existentes entre la amplia disponibilidad de productos del mar y su incorporación efectiva en la dieta de la población. En el  caso de las algas además la regulación para su comercialización aún presenta importantes brechas.

Para poder garantizar los beneficios de los productos del mar sin arriesgar la biodiversidad marina, es prioritario impulsar prácticas de producción sustentable y de consumo responsable desde distintos actores. El Estado debe velar por la implementación y fiscalización efectiva de la vigente Ley de Pesca y Acuicultura, para asegurar el respeto de los periodos de veda y las cuotas de captura, además de impulsar la actualización de normativas que vayan en beneficio de la pesca artesanal y la acuicultura sostenible. La industria pesquera debe garantizar el cumplimiento de las regulaciones, implementar prácticas ambientales que minimicen el impacto a los ecosistemas y promover productos del mar innovadores, inocuos, llamativos y accesibles para el consumidor. Desde la comunidad científica y académica, en cambio, se debe impulsar la generación y difusión de conocimiento sobre los recursos marinos, sus propiedades y beneficios y las mejores prácticas de manejo, mientras que los profesionales del rubro alimentario pueden liderar la comunicación y educación alimentaria para la población, promoviendo su consumo seguro y sostenible.

El rol de los consumidores es tan esencial como el de los productores y reguladores, debido a que las decisiones de compra impactan en las prácticas de extracción y comercialización de productos del mar. En este sentido, como consumidores podemos llevar a cabo acciones que beneficien los ecosistemas marinos: la compra de pescados, mariscos y algas de lugares autorizados y de productores locales; la preferencia de productos de temporada y de alimentos con Sello Azul y otras certificaciones; la priorización de productos más abundantes y económicos -pero menos valorizados- como el jurel, la reineta, el chorito, y el cochayuyo, entre otros; la conservación adecuada de productos del mar para prolongar su duración y evitar desperdicios; así como la incorporación de alimentos marinos en comidas semanales, en distintos formatos y en preparaciones cotidianas como ensaladas, guisos, budines, caldillos y otros. Todas estas medidas contribuirán a apoyar la venta legal, la producción responsable, el cumplimiento de normativas y de los periodos de veda y captura, asegurando una cadena productiva sostenible.

Estudios recientes además muestran que aproximadamente el 50% del peso de los pescados procesados en la industria pesquera se convierte en subproductos como cabezas, vísceras y espinas, los que podrían ser fuente de nutrientes también y ser utilizados y no desechados.

En el marco del Mes del Mar, reflexionar y visibilizar los desafíos, responsabilidades y oportunidades que enfrenta Chile para aumentar el consumo de productos marinos, nos invita a repensar en políticas públicas que favorezcan su consumo por ser productos saludables, manteniendo una producción sostenible, así como también analizar nuestras propias prácticas culinarias. El mar chileno es una fuente invaluable de salud, bienestar y desarrollo.

Por: Paulina Molina y Lorena Rodríguez

Publicado originalmente en Radio UChile

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