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Daniela Nicoletti – GTOP https://gtop.uchile.cl Mon, 09 Dec 2024 12:33:25 +0000 es-CL hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.7.17 Otra perspectiva de la Obesidad https://gtop.uchile.cl/otra-perspectiva-de-la-obesidad/ Sun, 08 Dec 2024 14:30:00 +0000 https://gtop.uchile.cl/?p=1053 Como bien se señaló en una columna reciente de Jaime Mañalich “La epidemia de obesidad”, en los últimos años, el aumento de la obesidad ha sido motivo de preocupación global y las posibles soluciones se han debatido en distintos escenarios. En esa columna, la cirugía bariátrica y medicamentos que inhiben el apetito, se plantean como las alternativas más seguras y efectivas. Nos gustaría proponer una reflexión distinta sobre el tema.

Si bien las intervenciones propuestas en la columna tienen un rol positivo en casos específicos, éstas son intervenciones de muy alto costo y son medidas de tipo individual que en nada contribuyen a disminuir la incidencia de la obesidad, es decir a disminuir los casos nuevos. Pensar en esas medidas como respuesta al problema de la obesidad implica seguir “llenando el cajón de problemas” y aumentando los gastos en salud, sin apuntar a las causas de las causas.

Por otra parte, la cirugía no está exenta de riesgos, por el procedimiento en sí mismo y porque además diversos estudios indican que, a largo plazo, no todas las personas logran mantener los beneficios iniciales, produciéndose un rebote, además de otras complicaciones nutricionales y de salud posteriores a la cirugía.

La obesidad no es una cuestión de voluntad personal o de decisiones médicas y alimentarias aisladas. La obesidad es un fenómeno complejo que requiere soluciones integrales, puesto que sus causas están profundamente entrelazadas al entorno social y estructural en el que vivimos. Estudios muestran que países como Chile tienen entornos obesogénicos, es decir que favorecen la producción y reproducción (post cirugía) de la obesidad. Si no modificamos la disponibilidad y acceso (físico y económico) a los alimentos saludables, no podemos exigirles a las personas que cambien su conducta alimentaria. Así mismo, sin cambios en las posibilidades de practicar actividad física, será difícil que las personas aumenten su práctica de actividad física.

En este contexto, el Estado debería invertir en mejorar los entornos en los que viven las personas y los determinantes más estructurales de la obesidad, para disminuir la incidencia de esta condición. Invertir en cirugía y medicamentos será un gran gasto que con suerte llegará a unas pocas personas, sin contribuir realmente a resolver el problema poblacional de fondo.

Proponemos mirar el sobrepeso y la obesidad con la complejidad que tiene y apuntar con decisión a políticas públicas basadas en evidencia, tales como: impuestos a alimentos poco saludables (aquellos con sellos negros); subsidio a los alimentos frescos y naturales (promovidos en las guías alimentarias nacionales); construir una ciudad más caminable, con más espacios verdes, ciclovías y transporte público de calidad; garantizar horarios laborales más equilibrados y espacios comunitarios, de trabajo y de estudio más saludables. Hace tiempo que organismos internacionales y diversos grupos científicos vienen proponiendo (en base a la evidencia científica) medidas en pos de mejorar los entornos, por ser más costo-efectivas para cambiar los modos de vida. En ninguna de estas propuestas aparece la cirugía o los medicamentos como la recomendación primordial.

En una sociedad que prioriza la inmediatez y las soluciones rápidas, es tentador buscar atajos para problemas complejos como la obesidad. Sin embargo, las soluciones rápidas no abordan las raíces del problema. Es posible que la solución para la obesidad requiera tiempo, persistencia y una reconfiguración profunda de nuestros entornos y hábitos.

Agradecemos la oportunidad de debatir porque estas conversaciones son las que pueden contribuir a transformar nuestra manera de comprender la salud de una forma más integral.

Por: Daniela Nicoletti, Patricia Gálvez, Lorena Rodríguez-Osiac

Publicado originalmente en Diario UChile

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Autocuidado en salud: más que un deber, un proceso de empoderamiento personal y comunitario https://gtop.uchile.cl/autocuidado-en-salud/ Thu, 25 Jul 2024 12:56:21 +0000 https://gtop.uchile.cl/?p=967 El autocuidado en salud va más allá de simplemente cumplir con un deber hacia nosotros mismos o un otro que nos pide cuidarnos; es un proceso de empoderamiento personal y comunitario. Implica tomar decisiones informadas y conscientes dentro de nuestras posibilidades, para promover no solo nuestra salud física, sino también nuestra salud mental, emocional y social. En un mundo donde el ritmo de vida puede ser abrumador y las demandas externas suelen ser intensas, es crucial encontrar maneras de cuidarnos a nosotros mismos y nuestras comunidades de manera integral.

En nuestra vida diaria enfrentamos decisiones que afectan nuestra salud, pero no siempre tenemos el control total sobre ellas. La realidad es que las elecciones sobre nuestra alimentación, descanso y ejercicio, están a menudo moldeadas por factores como el entorno y las posibilidades económicas.

En general, somos dependientes de lo que está disponible y accesible en nuestro entorno inmediato. La disponibilidad de alimentos adecuados, de espacios para la actividad física y recreación, la accesibilidad a servicios de salud, entre otros, juegan un papel crucial en nuestras opciones diarias. 

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la relación entre nuestras decisiones personales y lo que nos rodea es recíproca y transformadora. Al empoderarnos para cuidar de nuestra salud, también estamos contribuyendo a un cambio más amplio en nuestras comunidades. Fomentar una cultura de autocuidado y bienestar puede llevar a una mayor cohesión social y a un entorno más saludable y sostenible. Sentirnos capaces de cambiar la forma en la que cuidamos nuestra salud y nuestro entorno, es clave.

Abogar por entornos que promuevan estilos de vida compatibles con la salud es fundamental para mejorar la salud de toda la comunidad. Una comunidad donde las personas se preocupan por su salud tiende a ser más cohesionada y solidaria. Las actividades comunitarias orientadas a promover salud e instancias como los mercados de agricultores locales, no solo promueven hábitos saludables, sino que también fortalecen los lazos sociales. Estas interacciones positivas pueden mejorar la calidad de vida y la salud mental, creando sentido de pertenencia y apoyo mutuo.

Las decisiones individuales también pueden influir en la creación de políticas públicas que promuevan la salud y el bienestar. Cuando las personas se organizan para abogar por mejorar su entorno pueden lograr cambios significativos en las estructuras sociales y, cuando un número significativo de personas adopta prácticas de autocuidado, se genera una demanda por recursos y políticas que apoyen estos hábitos. Este cambio no solo facilita la adopción de hábitos compatibles con la salud, sino que también contribuye a un entorno más limpio y sostenible.

La relación recíproca entre decisiones personales y el entorno se extiende a la sostenibilidad. Adoptar prácticas de autocuidado, como el uso de medios de transporte activos (caminar, andar en bicicleta) y el consumo de alimentos locales y orgánicos, no solo beneficia nuestra salud, sino que también reduce nuestra huella ecológica. De este modo, el autocuidado puede contribuir a la creación de comunidades más sostenibles y resilientes frente a desafíos ambientales.

Una acción que no depende de lo que nos rodea y que ayuda a mejorar nuestro autocuidado es integrar la autocompasión en nuestras rutinas diarias. Esto implica tratarnos a nosotros mismos con amabilidad y comprensión, dejar de recriminarnos por nuestras debilidades y errores, celebrar nuestros éxitos y cuidar nuestras necesidades emocionales.

Practicar la autocompasión nos permite mantener una perspectiva saludable y equilibrada sobre nosotros mismos, evitando la autocrítica destructiva que puede afectar negativamente nuestra salud mental. Ser amables con nosotros mismos no es autoindulgencia, sino una parte esencial del cuidado personal.

El autocuidado en salud es un compromiso activo con nuestro bienestar físico, mental, emocional y social. Al integrar la autocompasión y la consideración de nuestro entorno, podemos fortalecer nuestra capacidad para tomar decisiones saludables que nos empoderen y nos permitan disfrutar de una vida satisfactoria.

Por:  Daniela Nicoletti

Publicado originalmente en El Mostrador

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Especialistas UCH entregan guía alimentaria para la cena de año nuevo https://gtop.uchile.cl/especialistas-uch-entregan-guia-alimentaria/ Tue, 03 Jan 2023 18:18:38 +0000 https://gtop.uchile.cl/?p=657 Con un Índice de Precios al Consumidor acumulado por más de un 13% en lo que va de 2022, la cena de año nuevo se ve limitada para gran parte de las familias a nivel nacional. Bajo ese escenario, académicos y académicas de la Universidad de Chile, entregan recomendaciones para cuidar la alimentación y el bolsillo.

El periodo de fiestas de fin de año conlleva la realización de diferentes ritos sociales, entre los que destacan las cenas familiares. De acuerdo con el Instituto de Nacional de Estadísticas (INE), la escalada de precios anualizada de los alimentos presentó un incremento del 24% en 2022 producto de la inflación. Es por ello que, especialistas en alimentación de la Casa de Bello, abordaron las principales recomendaciones al momento de planificar las comidas, considerando el escenario que enfrenta el país.

¿Cómo alimentarse en estas fiestas?

“Chile observa con preocupación algunos de los efectos de la globalización sobre las prácticas alimentarias y los cambios en los estilos de vida de las personas”, de acuerdo con la Guía Alimentaria para Chile presentada por el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Chile (INTA), que busca orientar la alimentación de la población chilena con el objetivo de conseguir bienestar en la salud de las personas.

Bajo este escenario y en el marco de la alimentación en periodo de fiestas, la académica de la Facultad de Medicina e integrante del Grupo Transdisciplinario de Obesidad en las Poblaciones (GTOP), Patricia Gálvez, mencionó que las fiestas de cena de fin de año son eventos “culturalmente importantes, en donde la comida tiene un lugar privilegiado y, por ende, la culpabilidad por salirnos de la alimentación que nos ha indicado algún profesional de la salud como parte del tratamiento debería evitarse”.

En esta línea, el académico del Departamento de Atención Primaria de la Facultad de Medicina e integrante de GTOP, Daniel Egaña, afirmó que “las fiestas suelen ser momentos de consumo anormal, por lo que no podemos pedirle a la gente que siga una dieta cotidiana. Es esperable que existan excesos y desregulaciones”.

Por ello, la profesora Gálvez explicó que en el caso de las personas con enfermedades crónicas, “si bien son variadas y la alimentación puede tener diversos efectos dentro de la salud de quienes las padecen, restringir y exigirles que se autocontrolen en estas fechas es algo que podría generar más culpa y estrés en las personas y sus familias, lo que también podría ser contraproducente para el tratamiento”.

Asimismo, la académica del Departamento de Nutrición e integrante de GTOP, Daniela Nicoletti, invitó a la población a buscar opciones adaptadas a personas con alguna patología de base,  haciendo “un equilibrio y no dejar de disfrutar, es decir, no comer en exceso, pero tampoco restarse”. A lo que sumó que, “no esté todo el mundo consumiendo un asado y la persona enferma esté comiendo dieta. Si hay un asado, un hipertenso puede comer un trozo de carne sin sal o usar otro tipo de condimentos, como el orégano y el tomillo”.

Por su parte, la investigadora del INTA, Angélica Reyes, indicó la importancia de asegurar la calidad de los productos, “comprando en lugares establecidos que cumplan con las condiciones sanitarias para el expendio de alimentos. Además, es necesario almacenarles a temperaturas adecuadas, ya que la temperatura ambiente que se alcanza en verano es una condición que favorece la multiplicación de las bacterias”.

Consideraciones económicas y de temporada

La situación actual que enfrenta el país en materia económica también ha repercutido en el acceso a la alimentación que pueda tener la sociedad chilena. En este sentido, la recomendación alimentaria es a considerar las opciones que entregan los productos veraniegos de fácil acceso y a planificar las compras para reducir gastos.

Ante ello, la especialista del INTA, Angélica Reyes, recomendó “preparar cantidades justas de los alimentos y si sobra, guardarlos rápidamente en recipientes limpios y bajo refrigeración. En general, los alimentos que han pasado por procesos de cocción pueden durar en buen estado al menos tres días bajo refrigeración y si se congelan estos pueden durar incluso más de un mes”.

Integrantes del Grupo Transdisciplinario de Obesidad en las Poblaciones también se pronunciaron ante estos factores. La profesora Gálvez, mencionó la importancia de enfrentar las altas temperaturas con hidratación a la mano, la cual debe ser libre de azúcares para cumplir su objetivo.

A su vez, la académica llamó a organizar las compras colectivamente para abaratar costos, comprando los alimentos “en ferias libres, o mercados tipo Lo Valledor y La Vega, lo que ayudará al bolsillo de las familias”.

Por su parte, el investigador Egaña llamó a preparar los alimentos de forma personal, evitando las compras de comida elaborada, pues “al cocinarlos nosotres, podemos controlar que no tengan tanta cantidad de azúcar, sal o materia grasa. Si en vez de tener una torta tenemos frutas de temporada, además de ahorrar, las personas con alguna patología crónica podrán comer con mayor tranquilidad”.

Finalmente, la psicóloga Nicoletti, agregó que lo ideal es planificar el menú de la cena en base a alimentos de temporada. “Hay comidas saludables que si son más baratas que alimentos no saludables. Por ejemplo, las legumbres que pueden ir en distintos formatos. Ahora pueden ir en ensaladas, ya que producen harta saciedad y son buenos alimentos del punto de vista nutritivo, con minerales y vitaminas y sin un alto número de calorías”, explicó.

Recomendaciones generales

Finalmente, especialistas de la Universidad de Chile orientaron el consumo de alimentos de fin de año a partir de una serie de recomendaciones que permitan generar una buena instancia de celebración y evitar malos ratos asociados a enfermedades por ingesta de alimentos o líquidos.

  • Tener conciencia de la presencia de bacterias u otros microorganismos en los alimentos, las cuales pueden afectar la salud de las personas. Las bacterias se multiplican a temperatura ambiente, por lo tanto, debemos evitar dejar las preparaciones en condiciones de calor.
  • Lavar bien las manos antes de manipular los alimentos, y que el área de preparación se encuentre limpia.
  • Comprar alimentos en buen estado, en lugares establecidos y usando agua potable para su preparación.
  • Cocer completamente los alimentos crudos
  • Evitar la contaminación cruzada, es decir, que los alimentos que no se preparan, como frutas o verduras, tengan contacto con carnes crudas. En caso de trozar una carne en una tabla, esta se debe lavar y desinfectar bien antes de procesar en ella vegetales.
  • Mantener alimentos a temperaturas adecuadas: refrigerar (4ºC), congelar (-20ºC) o mantener sobre 65ºC.
  • Evitar excesos, especialmente los relacionados con el consumo de alcohol.
  • Tratar de incluir frutas y verduras, en todas las comidas.
  • Consumir agua habitualmente, no olvidando la importancia de la hidratación.
  • Tener precaución de consumir medicamentos indicados por profesionales en los horarios y forma correspondientes. Algunos horarios de alimentación cambian en estas fechas, así como las cantidades, por ende, se debe tratar de adaptar los medicamentos a estos cambios. En caso de dudas, consultar a un profesional.

Por: Comunicaciones VID

Publicado originalmente en Noticias UChile

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El hambre en la pandemia https://gtop.uchile.cl/toda-la-leche-sera-fortificada-con-vitamina-d-que-opinan-expertos-u-de-chile-2-18/ Wed, 27 May 2020 16:27:41 +0000 https://gtop.uchile.cl/?p=629 Actualmente, no existe una información oficial del contenido de la canasta de alimentos, aunque extraoficialmente se indica que esta contendría solo alimentos no perecibles, como “harina, legumbres, fideos y aceite”, lo que representa una transferencia indirecta de recursos más que una preocupación real sobre la calidad de la alimentación de la población. Asimismo, se desconoce la periodicidad de entrega de estas canastas, si serán entregadas una sola vez o por el tiempo que dure la pandemia. Para que haya seguridad alimentaria, debe haber estabilidad en el acceso a los alimentos.

Aunque la “cuarentena total” es una medida de control de epidemias generalmente aceptada por salubristas, lo cierto es que el término mundialmente repetido de “lockdown” no tiene el mismo impacto en las diversas regiones, países, ciudades, comunidades e individuos, si no se acompaña de medidas para compensar las grandes desigualdades existentes, que se exacerban y resaltan dolorosamente en estos momentos.

El inicio de la cuarentena obligatoria, que desde el viernes 15 de mayo afecta a un número importante de comunas del país (principalmente de la Región Metropolitana) ha aumentado la tensión de las mismas asimetrías desencadenantes del movimiento social de octubre de 2019, las que se han expresado de forma dramática en el contexto de la actual pandemia por COVID-19.

La inestabilidad laboral (expresada muchas veces como trabajos informales), los altos niveles de endeudamiento, viviendas de espacio reducido, hacinamiento, incompatibilidad laboral con los cuidados de la familia y del hogar, entre muchas otras dimensiones, dan cuenta de la imposibilidad de que se cumpla de una misma manera el confinamiento.

El lunes 18 de mayo, pobladores de las comunas de El Bosque, La Pintana y la Cisterna realizaron desesperadas protestas en la vía pública. Tras un mes de cuarentena (iniciada en El Bosque el 16 de abril), los vecinos hicieron evidentes las desigualdades sociales y la vulnerabilidad: “Estamos pasando hambre”, indicaron a la prensa, “la gente que no tiene de comer, ¿tomamos agua en cuarentena?”. La pandemia y la cuarentena como medida necesaria de mitigación, ponen en evidencia la fragilidad de nuestra seguridad alimentaria y la ausencia del derecho constitucional a la alimentación.

Es probable que, en las próximas semanas, escenas como estas se repitan, por lo que no es posible seguir esperando y es necesario que el Estado tome un rol activo frente a la inseguridad alimentaria y garantice tanto la disponibilidad como el acceso a alimentos saludables para toda la población.

Algunas horas antes del inicio de las protestas del hambre, el Presidente Sebastián Piñera Echenique anunció, por cadena nacional, la distribución de 2,5 millones de canastas de alimentos (lo que equivale, siguiendo datos del Censo 2017, a aproximadamente a 7.750.000 personas), medida que sin duda contribuirá a paliar el hambre, pero que parece absolutamente insuficiente para garantizar la seguridad alimentaria de la población en el mediano y largo plazo.

La canasta de alimentos ha sido presentada como un complemento al Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), el que se plantea como una subvención pública entregada a “familias que reciben ingresos informales, y que han visto disminuidos estos recursos, debido a que no pueden trabajar a causa de la emergencia producida por el COVID-19”. Esta se entregará durante tres meses en tres pagos de 65 mil, 55 mil y 45 mil per cápita. La distribución de estas canastas, en lugar de un aumento monetario del Ingreso Familiar de Emergencia IFE, nos plantea algunas dudas a profundizar.

Actualmente, no existe una información oficial del contenido de la canasta de alimentos, aunque extraoficialmente se indica que esta contendría solo alimentos no perecibles, como “harina, legumbres, fideos y aceite”, lo que representa una transferencia indirecta de recursos más que una preocupación real sobre la calidad de la alimentación de la población. Asimismo, se desconoce la periodicidad de entrega de estas canastas, si serán entregadas una sola vez o por el tiempo que dure la pandemia. Para que haya seguridad alimentaria, debe haber estabilidad en el acceso a los alimentos.

También sería de interés saber si el contenido de las canastas será adquirido de mercados locales y ferias libres, para favorecer a estos grupos pequeños de productores y comerciantes, que se encuentran económicamente afectados por la crisis, o se optará por la compra a grandes cadenas de retail. Es dable pensar que, si en lugar de canastas se hiciese un aumento del IFE, las necesidades de alimentación de la población serían satisfechas en su propio entorno comunitario, favoreciendo a los más necesitados.

La idea de una canasta homogénea para todos supone un ciudadano estandarizado en necesidades nutricionales, pero desconoce preferencias y prácticas alimentarias, no tomando en cuenta la diversidad cultural que existe en el territorio, incluyendo la población migrante. Finalmente, la entrega de una canasta –en lugar de dinero– supone que los ciudadanos toman malas decisiones, que eventualmente no lo usarán en alimentación, priorizando la cobertura de otras necesidades, infantilizando a los sectores populares.

Es función del Estado garantizar que “todas las personas tengan, en todo momento, acceso físico, social y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades y preferencias alimentarias, a fin de llevar una vida activa y sana” (Declaración de la Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria, Roma, 1996).

Ante esta situación, proponemos en concreto la necesidad de avanzar en tres puntos. En primer lugar, aumentar el IFE, para asegurar un ingreso mínimo que permita cubrir las necesidades básicas, al menos por todo el periodo de pandemia. En segundo lugar, fortalecer el canal agroalimentario tradicional en tres aspectos: a) considerar la producción agrícola orientada al consumo nacional como recurso estratégico; b) facilitar la distribución de los alimentos (campo, mar-ciudad) desde pequeños y medianos agricultores y pescadores; y c) establecer medidas que permitan el seguro funcionamiento de ferias libres, asegurando el distanciamiento físico entre las personas y su debida protección. Finalmente, en tercer lugar, es necesario fortalecer los programas alimentarios estatales de salud y educación, asegurando su entrega programática y aumentando su cobertura y distribución.

Por: Daniel Egaña, Daniela Nicoletti y Lorena Rodríguez

Publicado originalmente en El Mostrador

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