La agricultura familiar campesina (AFC) representa más de dos tercios del empleo agrícola en el país y utiliza casi la mitad de las tierras agrícolas disponibles, aportando el 22 % del valor de la producción. Su contribución es central en la provisión de alimentos esenciales: 54 % de las hortalizas, 23 % de las frutas, 76 % de la miel y más del 50 % del ganado bovino y ovino proviene de la AFC (INDAP, 2016). Además de su aporte productivo, el campesinado ha desempeñado un rol fundamental en la conservación de la biodiversidad agrícola, resguardando semillas tradicionales y saberes locales que han sido transmitidos por generaciones. Estos conocimientos y prácticas —muchas veces invisibilizados por los enfoques productivistas de la agricultura— son clave para la adaptación de los sistemas alimentarios al cambio climático y para el desarrollo de una producción sustentable basada en la diversidad y el arraigo territorial. En este contexto, las mujeres rurales juegan un rol fundamental. No solo participan activamente en las labores agrícolas, sino que también sostienen los sistemas de producción familiar, resguardan prácticas agroecológicas y lideran iniciativas comunitarias en muchos territorios. Sin embargo, enfrentan obstáculos persistentes en el acceso a tierra, recursos productivos, programas de fomento y reconocimiento institucional (FAO, 2022). Visibilizar su contribución es un paso necesario hacia una política rural más justa e inclusiva.
Frente al abandono del campo, se abren opciones de revitalización rural: políticas de compras públicas orientadas a pequeños productores, incentivos al relevo generacional, fortalecimiento de circuitos cortos de comercialización y apoyo técnico y financiero al desarrollo agroecológico. La Estrategia Nacional de Soberanía para la Seguridad Alimentaria y Nutricional en Chile (2023) subraya justamente la necesidad de fortalecer la AFC mediante el apoyo a la agroecología, la protección de semillas nativas y la inclusión de la producción campesina en los sistemas alimentarios locales.
La evidencia internacional muestra que, con voluntad política, es posible revertir procesos de migración y deterioro rural, siempre que se reconozca el valor estratégico de la agricultura familiar en los sistemas alimentarios sostenibles. Para ello es necesario una institucionalidad estatal robusta, que fomente y ponga en valor el trabajo de la AFC. En este Día del Campesino y la Campesina, es urgente recordar que la seguridad y calidad de nuestra alimentación no depende solo de tecnologías o cadenas globales, sino también -y quizás sobre todo- de quienes cultivan la tierra con conocimiento, diversidad y compromiso desde los territorios rurales de Chile.
Referencias
Por: Cecilia Baginsky y Daniel Egaña, Integrantes Grupo Transdisciplinario de Obesidad de Poblaciones (GTOP) y de La Catedra Cátedra de Agricultura Campesina y Alimentación de la Universidad de Chile.
Publicado originalmente en El Observador
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